Los socialistas durante la Dictadura de Augusto Pinochet. Estudio sobre la militancia clandestina (1973-1979)

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Los socialistas durante la Dictadura de Augusto Pinochet. Estudio sobre la militancia clandestina (1973-1979)

Socialists during the dictatorship of Augusto Pinochet. Study on clandestine militancy

Pedro Valdés Navarro** 
http://orcid.org/0000-0003-3763-5336

** Doctor © en Historia, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), Chile. Núcleo de Investigación “Memorias de la Resistencia Valparaíso”, Universidad de Playa Ancha, Chile, correo electrónico: pedroalfonsovaldes@gmail.com.

RESUMEN

El presente artículo analiza el proceso de reorganización del Partido Socialista de Chile, PSCh desde septiembre de 1973 hasta 1979. El objetivo del estudio está en la identificación de los elementos identitarios de la militancia durante esta primera etapa dictatorial, centrándonos en las características materiales, operativas, en los referentes históricos de este proceso, como también en las dinámicas laborales y familiares de la vida clandestina. Sostenemos como hipótesis de trabajo, que estos elementos reorganizativos y la puesta en escena de los mismos, constituyeron una nueva cultura política en el PSCh, condicionada por el entorno autoritario. El estudio utilizó mayoritariamente fuentes orales y se apoyó también en documentos partidarios y bibliografía sobre el tema.

Palabras Clave: Partido Socialista de Chile; Clandestinidad; Cultura Política; Militancia; Dictadura; Resistencia

ABSTRACT

This article analyzes the process of reorganization of the Socialist Party of Chile, PSCh, from September 1973 to 1979. The study aims to identify the identity elements of the party membership during this initial period of dictatorship, focusing on the material and operational characteristics, historical references of this process, as well as the work and family dynamics of clandestine life. The working hypothesis is that these reorganizational elements and their staging constituted a new political culture within the PSCh, conditioned by the authoritarian environment. The study primarily relied on oral sources and also drew upon party documents and literature on the subject.

Keywords: Socialist Party of Chile; Secrecy; Political Culture; Militancy; Dictatorship; Resistance

INTRODUCCIÓN

La anulación de la vida política instalada por la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990), a través de la prohibición del funcionamiento de los partidos políticos y en particular de aquellos de inspiración marxista, reordenó el mapa partidista desde el mismo once de septiembre1. Esta reconfiguración se caracterizó inicialmente por la sobrevivencia de la militancia y el lento proceso de reorganización partidaria. La represión desatada en contra del Partido Comunista de Chile, PCCh, del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, del Movimiento de Acción Popular Unitaria, MAPU y del Partido Socialista de Chile, PSCh, dejó un frío saldo de detenciones, muertes, desapariciones y exilio2.

El día después de la instalación de la junta militar, una de las primeras acciones de los militantes de la izquierda fue la búsqueda de información sobre el estado del partido: conocimiento sobre el paradero del resto de los compañeros y compañeras, posibles directrices a seguir y la localización de lugares de resguardo. El propósito de este trabajo es conocer el proceso de reorganización militante del PSCh una vez instalada la Dictadura militar y analizar los modos de reconstrucción que idearon los socialistas, entendiendo el inédito contexto histórico que tenían sobre sus espaldas. El margen temporal lo situamos desde septiembre de 1973 hasta 1979 fecha en que se inicia un profundo quiebre en el socialismo chileno, pero que además es el inicio de una mayor visibilidad de la colectividad, marcada por el plebiscito de 1980 y el inicio de las protestas masivas a partir de inicios de la década de los ochenta.

A través del conocimiento de testimonios de dirigentes nacionales, regionales y militantes de base, nos interesamos en conocer cómo un colectivo que estaba al borde de la desaparición, logró sortear la represión y construir una nueva forma de sociabilidad política, lo que configuró una nueva fisonomía de partido y por consiguiente un nuevo militante. Sostenemos que este proceso de reorganización y de reestructuración, generó una nueva cultura política en el socialismo chileno, la que estuvo marcada por el escenario de represión y persecución dictatorial. Conocer cómo operó esta dinámica es parte central de este trabajo, para lo cual tomamos como ejes de análisis las formas de rearticulación militante; los mecanismos de comunicación, la naturaleza de la clandestinidad y las vías de financiamiento. También indagamos en las características de la vida familiar y las formas del trabajo, los referentes históricos y ejemplos utilizados para la reconstrucción, como así también las sensaciones que afloraron frente a la persecución militar. Las preguntas investigativas que nos orientaron el estudio, estaban focalizadas en descifrar ¿Cuáles fueron los componentes de esta nueva cultura partidaria? ¿En qué radicó el éxito de la militancia que intentó mantener al partido con vida? ¿Cuáles fueron los referentes en los cuales se apoyó esta reestructuración?

Las aproximaciones al fenómeno de la clandestinidad bajo el contexto dictatorial chileno, son disímiles en cuanto a su profundidad y complejidad, diferenciándose matices importantes entre las distintas organizaciones de izquierda. Aun cuando existen algunos estudios que entran en sintonía con nuestra propuesta analítica. En general la profundidad de la vida clandestina de la izquierda durante el período dictatorial, está distante de ser un área cubierta. Más interés hay en torno a los discursos partidarios que sobre la práctica militante3.

Para el caso del MIR, la disposición temprana de la dirigencia de no asilarse, no replegarse y disponer la militancia a la lucha en contra del régimen, generó una estructura de sigilo y trabajo clandestino que tuvo frutos por lo menos durante el primer año, en donde los equipos de dirección lograron sortear la represión hasta octubre de 1974, fecha de la caída de Miguel Enríquez en combate, máximo dirigente del MIR. Con posterioridad, la organización diseñó estructuras de resistencia que buscaron el enfrentamiento directo con la dictadura, junto con acompañar el trabajo de movilización social que tuvo un ritmo de crecimiento lento, alcanzando mayores niveles de presencia recién iniciados los ciclos de protestas a partir de 1983. Según las investigaciones de Robinson Silva, el MIR elaboró una estructura muy compartimentada, compuesta por pequeñas células operativas que se encargaron de realizar las acciones militares en contra de la Dictadura y otro referente compuesto por miembros del MIR y simpatizantes de izquierda cuyo objetivo era asociarse con el movimiento popular. Según constata Silva:

“El Movimiento de Resistencia Popular se encontraba conectado al movimiento político social de forma estrecha. Por otra parte, las acciones de mayor envergadura eran realizadas por la llamada “Fuerza Central” del MIR. Ambas instancias son de corte clandestino y fueron las que sostuvieron la violencia como arma política durante buena parte de los años que cubre la dictadura”4.

Las definiciones políticas y estratégicas desarrolladas por el MIR y con esto la naturaleza de la clandestinidad, se diferenciaron del diseño socialista en relación con que estos últimos, concibieron la lucha en contra del régimen de Pinochet dentro de un proceso de reorganización del tejido social del cual se nutriría el socialismo, dejando la alternativa del enfrentamiento armado directo como parte secundaria de la lucha política. No obstante, el contexto de los años ochenta, implicó que ciertos sectores de la militancia socialista implementaran acciones armadas de mayor visibilidad con el fin de colaborar en el derrocamiento directo de la Dictadura5.

En relación al PCCh, los estudios más acabados sobre el diseño clandestino, han sido llevadas adelante por el historiador Rolando Álvarez. El autor identifica un primer momento de reorganización muy precaria de la colectividad, que sufrió un duro golpe asestado por los organismos de represión en 1976, en donde se desarticularon dos direcciones clandestinas. Así, según Álvarez, el año 1977 fue uno de los años más complejos para el partido que tuvo que rearticularse y recomponerse. Los ingredientes de esta fórmula, son al igual que en el caso de los socialistas, elementos que funden la experiencia de la vida cotidiana, con los insumos provenientes desde el exterior. Álvarez comenta para el caso del PCCh:

“Ellos, guiados por su instinto y sus propios criterios de seguridad, aprendieron fundamentalmente de la praxis y de los errores que cometían sus camaradas. Con el paso de los años (1978 en adelante), con la llegada de dirigentes desde el exterior, junto con las experiencias clandestinas de otros países, como la de los soviéticos durante la segunda Guerra Mundial o la de los comunistas alemanes bajo el nazismo, funcionaron más que nada como símbolos de que era posible resistir y vencer incluso en las más adversas de las condiciones, pero no eran fuente para desarrollar la praxis clandestina”6.

El resultado de esto, sobre todo a partir de 1978, fue un partido muy compartimentado, lo que supuso la existencia de prácticas de seguridad y mecanismos de inteligencia más eficientes, permitiendo el resguardo de altos dirigentes sin ser detectados durante varios años. Lo que señala el autor y después del análisis de varios testimonios orales, es que jugó un papel vital el ejercicio de disciplinamiento de la organización, un alto grado de control de los cuadros, lo que se tradujo en la práctica en la continuidad del partido.

Conocemos en base a algunos estudios historiográficos, memorias y biografías, que el proceso de reorganización del PSCh7, se produjo luego de las detenciones de importantes dirigentes nacionales del partido. Junto con lo anterior, varios miembros del Comité Central, buscaron asilo en las distintas embajadas que comenzaron a prestar ayuda a los militantes de la izquierda8. Luego del golpe militar de septiembre de 1973, un grupo de dirigentes que logró resguardarse de la persecución y de la detención, comenzaron a coordinar los primeros equipos de reorganización con la colaboración de un importante número de ayudistas. Estos primeros núcleos dirigenciales, fueron los que se conocieron como la primera dirección clandestina o Dirección Interior, DI9. Bajo los liderazgos de Exequiel Ponce, Carlos Lorca y Ricardo Lagos Salinas, esta dirigencia se mantuvo hasta mediados de 1975 cuando los aparatos de seguridad del régimen, fundamentalmente la DINA, desarticularon este primer equipo de reconstrucción. Desde mediados de 1975 y hasta diciembre del mismo año, comenzó a trabajar una segunda dirección clandestina que también tuvo una red de colaboradores que actuaban en segundo plano. Con la caída de este segundo equipo, se comenzó a articular una tercera dirección clandestina que fue la que se mantuvo sin grandes caídas hasta 1983 y en donde destacan Patricio Barra, Ricardo Solari, Eduardo Gutiérrez, Germán Correa y Raúl Díaz, entre otros10.

En gran medida, este estudio se estructuró metodológicamente en base a entrevistas a militantes socialistas11. Este camino se sustenta en el interés por conocer la naturaleza de las vivencias de los militantes clandestinos, relato que está caracterizado por la persecución y la represión en este proceso de reorganización, pero también por un alto grado de compromiso con el objetivo partidario. Este nicho investigativo, la clandestinidad socialista, es un foco de estudio poco explorado por la historiografía antes mencionada. Entendemos que este enfoque, tiene también sus limitancias. Como primer elemento a considerar, los estudios sobre las organizaciones clandestinas se han encontrado con la dificultad del acceso a las fuentes debido a que muchos de estos registros, testimonios, documentos partidarios, revistas, entre otros, fueron destruidos durante la dictadura, lo que significó la desaparición de las fuentes o en su defecto, es muy complejo llegar a ellas. Como segundo rasgo, estas mismas organizaciones clandestinas, elaboraron pocos documentos, precisamente con el fin de resguardar la seguridad de sus militantes y de la organización, y si confeccionaron boletines o declaraciones, rápidamente estas fueron destruidas para proteger a la militancia. Y un último elemento, dice relación con el acceso a las fuentes orales de aquellos y aquellas que sobrevivieron. La vivencia de la persecución, la tortura, el exilio, torna reticentes a los y las militantes al momento de dar entrevistas o compartir sus relatos sobre el período, convirtiéndose en fuentes desaparecidas para el trabajo científico. Este trabajo, pretendió sortear estos obstáculos metodológicos acercándose a un grupo importante de militantes nacionales y regionales que trabajaron en la reconstrucción del PSCh durante la Dictadura.

La clandestinidad socialista ¿Una nueva cultura política?

La clandestinidad fue la forma de operar de la militancia socialista bajo el contexto de represión y persecución. Es la manera en la cual los socialistas resolvieron desarrollar el trabajo político. En la decisión personal de los militantes de darle continuidad al partido, diseñaron un trabajo oculto que implicó toda una arquitectura del disfraz y el escenario ficticio. El conocimiento de cómo se tejieron estas redes nos ayuda a entender el funcionamiento de estas orgánicas, y la comprensión no de su desaparición o mera sobrevivencia, como señala Manuel Antonio Garretón12, sino que nos permite complejizar el análisis sobre el accionar político en otras esferas, con otros códigos, en otro lenguaje político. Es muy útil la referencia que sobre este tema realiza James C. Scott, quien señala:

“La lógica del disfraz que sigue la infrapolítica se introduce tanto en su organización como en su propia sustancia. De nuevo, la forma de organización es tanto un producto de la necesidad política como una elección política. Puesto que la actividad política explicita está casi prohibida, la resistencia se reduce a las redes informales de la familia, los vecinos, los amigos y la comunidad, en lugar de adquirir una organización formal. Así como la resistencia simbólica de la cultura política tiene un sentido plausiblemente inocente, las unidades elementales de organización de la infrapolítica tienen una existencia inocente plausible. Las reuniones informales en el mercado, de los vecinos, la familia y la comunidad ofrecen pues una estructura y una protección a la resistencia. Como se realiza en pequeños grupos, individualmente y, si es masiva, recurre al anonimato de la cultura popular o a verdaderos disfraces, la resistencia está bien diseñada para frustrar la vigilancia”13.

Es posible entender este primer momento de decisión de la militancia socialista, como uno de los primeros actos de resistencia política en el sentido de desobedecer las imposiciones reglamentarias de la Dictadura y comenzar un inexperimentado proyecto de reconstrucción partidaria. El mismo once de septiembre, comenta Gustavo Ruz, miembro del Comité Central y uno de los integrantes de la primera dirección clandestina, los miembros de la Comisión Política se juntaron en la industria FENSA y entre los pocos que llegaron decidieron darse algunos teléfonos de contacto e iniciar un precario trabajo de coordinación. Ruz comenta que no estaban las condiciones para organizar una ofensiva efectiva. Supieron que se libraron combates en la zona sur, pero desconocen el paradero de altos dirigentes como Carlos Altamirano14. En estas reuniones informales, en medio de la tensión, los dirigentes socialistas que se encontraron asumieron romper ese cerco e iniciar la reconstrucción del partido. El escenario ahora del ejercicio político, que es por definición un acto público, debía trasladarse y con ello la naturaleza de las prácticas políticas, a las espaldas de la visibilidad pública y, por ende, debían los socialistas aprender un nuevo lenguaje, una nueva forma de cohabitar el espacio. De la maduración de esta práctica no solo dependía la sobrevivencia de los militantes, sino la pervivencia del partido. Estos nuevos códigos implicaron el desarrollo de una nueva cultura política, una cultura clandestina. La noción de cultura política, muy trabajada en los últimos años, la entendemos como la manera en que una colectividad traduce el accionar político y simbólico de sus miembros, junto con la forma en que construyen las redes sociales que apoyan su accionar. Configuran por tanto los miembros del colectivo, un tipo de identidad partidaria edificada a lo largo de la vida cotidiana de sus miembros15.

Es acá donde actúa una nueva forma de hacer política, una que debe ser invisible a los aparatos de seguridad del régimen, pero a su vez, lograr una imagen de presencia entre la militancia no solo a nivel nacional, sino que también en la esfera internacional. James C. Scott ha denominado a esta manera de actuar de los subordinados, la infrapolítica. Una gama de expresiones que transcurren con señales de visibilidad ocultas para el opresor, son lenguajes encriptados para el mundo dictatorial, y que tienen como objetivo, el resguardar la seguridad de los dominados. Scott apunta:

Una propuesta esencial de este libro es mostrar que existe un tercer ámbito en la política de los grupos subordinados, que se encuentra estratégicamente entre los dos primeros. Se trata de una política del disfraz y del anonimato que se ejerce públicamente, pero que está hecha para contener un doble significado o para proteger la identidad de los actores16.

Lo enriquecedor de este supuesto, es que Scott plantea además que, para poder entender estas formas de expresión es necesario comprender el escenario en el cual se desarrollaron, porque esas relaciones que se construyeron situadas al borde de la vida, nos permiten asimilar de mejor manera la particularidad de esta infrapolítica, un lenguaje que diseña además un cierto tipo de tecnología y prácticas de resistencia, similares a los patrones de dominación esbozados por Foucault17.

Para entender esta transformación, es vital comprender la naturaleza de estos partidos políticos como orgánicas en movimiento, observarlos también como espacios de continua creación y en donde los límites para poder entrelazar los nudos políticos, están más allá de las fronteras formales, como señala Frédéric Sawicki. Más que instituciones con marcos estáticos, son comunidades estructuradas y en donde operan generalmente ciertos códigos no escritos. Siguiendo al mismo Sawicki18, estas orgánicas están íntimamente relacionadas y actúan con una retroalimentación constante con otros espacios de sociabilidad como pueden ser, asociaciones, sindicatos, mutuales y cooperativas según los ejemplos que da el autor. Ahora bien, se puede agregar que esta dependencia y correlación directa con el entorno queda en un plano de mayor relevancia en contextos represivos, en donde la persecución a los integrantes del partido, en muchas ocasiones abarca también sus espacios relacionales. En este escenario de anulación política impuesto por la Dictadura, el crecimiento de la organización y la formación de esta nueva cultura política socialista estuvo estrechamente marcada por los límites y el alcance del proceso de reconstrucción del entorno partidista.

Hay que entender entonces la clandestinidad, como un espacio, un lugar, un escenario montado por los partidos de izquierda, que buscaba desarrollar la vida política a pesar de las restricciones. Cada organización montó una estructura clandestina que respondía a la herencia histórica de sus raíces identitarias, al vínculo orgánico que establecieron con las direcciones en el exterior, al conocimiento del funcionamiento de los dispositivos de represión del régimen de Pinochet, a los niveles de recursos que poseían, y a la búsqueda de referentes históricos con los cuales dialogar.

La expresión material y visible de estas nuevas formas de ejercer la militancia, fueron los elementos identitarios que se edificaron desde el primer día de instalación de la dictadura. Estos elementos son la suma de distintas características, rasgos y formas de ejercer la vida militante y se evidencian a través de las formas de comunicación, las claves, los códigos, los nombres falsos, las historias que permitían cubrir, el denominado manto. También aparecen reflejados en los lugares que frecuentaban para realizar los contactos, calles, restaurantes, cafés, oficinas con fachadas falsas, sedes vecinales y parroquias poblacionales. Un elemento, que veremos más adelante que contribuyó a reforzar esta nueva identidad, fue la mantención y apropiación del diario clandestino Unidad y Lucha como expresión material de esta cultura política clandestina. Estos elementos identitarios, se mantuvieron a lo largo de todo el periodo en estudio y variaron dependiendo de las formas particulares que asumió cada militante, se forjaron en el diario vivir, en la cotidianeidad y buscaban la obtención del objetivo final que era la permanencia del partido. En ese sentido, estos elementos fueron un vehículo para concretar el propósito de reorganizar a la militancia y así derrocar a la dictadura.

Es preciso entender que la instalación de estos elementos, no significaron la inauguración de un nuevo Partido Socialista que abandonó su tradición. Los componentes de la ideología marxista, reforzados esta vez con la visión leninista del partido clandestino, la lucha en contra de los fascismos, el rol del movimiento obrero en dicha disputa y la independencia de referentes internacionales dentro del mundo socialista, fueron pilares que se mantuvieron. No obstante, se tuvieron que acomodar nuevas formas de ejercer la militancia condicionadas por el contexto de clandestinidad. Este ejercicio de sincretismo y adaptación fue el que permitió la permanencia de la colectividad durante el período. En ese sentido, es posible constatar un alto grado de adaptabilidad del socialismo chileno, no solo en el contexto dictatorial, sino que como parte esencial de su historia política.

Uno de los elementos identitarios tiene relación con los referentes de algunas de estas prácticas de vida clandestina y la fuente de ese conocimiento. Un grupo de militantes comentan que las fuentes de inspiración y de aprendizaje provenían de algún tipo de literatura o películas que llegaban a alimentar el universo de la resistencia, no como un manual, sino más bien como un soporte simbólico en el cual poder sostener la vida partidaria. Una suerte de evocación histórica en donde los socialistas pudieran cobijarse y sentirse parte de esta gran lucha en contra del fascismo. Ahí aparecen por ejemplo las novelas de Gilles Perrault, La Orquesta Roja19, Reportaje al pie del patíbulo de Julius Fucik, o Mila 18 de León Uris, todas temáticas relacionadas con la Segunda Guerra Mundial y la lucha o resistencia en contra del nazismo y fascismo20.

Entre las lecturas con un carácter más estratégico, está el Minimanual del guerrillero urbano de Carlos Marighella, publicado por la revista chilena Punto Final, en abril de 1970. O los documentos emanados por los Tupamaros, exiliados en Chile ya desde 1970, y que difundieron entre la militancia chilena sus experiencias de lucha urbana desarrollada en Montevideo.

Entre las películas mencionadas aparecen El Chacal, film francés de 1973, o El Padrino, dirigida por Francis Ford Coppola, y estrenada en 1972.

No obstante, también hay otro tipo de experiencias, en donde el ingenio, las vivencias con los pares, van articulando un corpus de ideas que les permiten resolver los problemas que se van enfrentando. Gustavo Ogalde recuerda:

“Yo, de la experiencia que tuvimos, de los primeros años, era exclusivamente de lo que teníamos, de lo que se nos ocurría, de los que pensábamos como antecedente, de películas, de la cantidad de conversaciones entre nosotros, pero era exclusivamente de lo que podíamos hacer nosotros, no teníamos un teatro, un imaginario de ese tipo, al menos yo nunca lo tuve”21.

Es importante entender que la fragmentación, la compartimentación como medida estratégica, y la atomización posterior del partido, van a crear las condiciones para la existencia de un colectivo en donde escasamente se encuentran elementos de vivencias uniformes y en donde opera la informalidad en contraposición a la idea monolítica de una orgánica que controla todas las dimensiones de la militancia. En esa lectura, es plausible considerar diversas experiencias en torno a los aprendizajes clandestinos. Germán Correa refuerza la idea anterior; “Había gente que leía literatura de espías, de historias de la Segunda Guerra Mundial, pero finalmente no hay mejor conocimiento que la propia experiencia. Son ejemplos que pueden parecerse, pero no tienen relación con la experiencia propia”22.

También los aprendizajes provienen del relato de otros, de las experiencias de terceros. Carlos González Anjarí, militante que perteneció a la Segunda Dirección clandestina, entre mediados de 1975 y diciembre del mismo año, recuerda que cuando caen detenidos compartieron con militantes comunistas que habían vivido la clandestinidad durante el gobierno de Gabriel González Videla bajo la aplicación de la Ley Maldita, y de ahí socializaron algunas experiencias vitales referidas a seguridad e inteligencia23.

Las formas de hacer política. La disciplina partidaria como primera regla de subsistencia.

El trabajo partidario en este contexto, debía caracterizarse entre otras cosas por un mayor grado de disciplina militante. Este elemento, vital en el andamiaje clandestino, ya había sido una preocupación de la dirigencia socialista luego del triunfo de la Unidad Popular en 1970. No es solo coincidencia que tanto Exequiel Ponce, Subsecretario Nacional del Frente Interno, como Carlos Lorca, Secretario General de la Federación Juvenil Socialista, cargos asumidos en el Congreso de La Serena en 1971, tuvieran entre sus principales preocupaciones el reordenamiento de la colectividad y el mejoramiento de los niveles de disciplina orgánica. Estas disposiciones, no solo estaban en la lectura de lo que requería el momento del triunfo de Allende, sino que se apoyaban en las tradiciones más esenciales del leninismo socialista. Ponce, como Subsecretario del Frente Interno, en un informe de organización de abril de 1971 hacía hincapié en la trascendental disposición del partido para mejorar las dinámicas internas de disciplina. El texto mencionado señala:

“Para llevar adelante esta gran tarea (la Revolución Socialista) es imprescindible terminar con todo aquello que ha entrabado nuestro accionar revolucionario; el caudillismo, el liberalismo, el accionar grupuscular, la doble militancia, etc., son vicios y desviaciones que deben ser extirpados de raíz, cueste lo que cueste. La disciplina interna, el respeto a los dirigentes y mandatarios, la lealtad, son normas de vida que de aquí en adelante deberán imperar en el partido”24.

En tanto Carlos Lorca, apuntaba a similares objetivos en un informe de junio de 1972. Lorca hace referencia a la relevancia del trabajo disciplinario en la orgánica y a su coherencia con el objetivo de alcanzar el socialismo. Y apoyándose en Lenin, reforzaba la idea de que: “el partido es un ejército que, una vez en el combate, debe actuar como un solo hombre”25. Acá, el centralismo democrático tendría que ser una práctica esencial bajo el contexto de la Unidad Popular y la Juventud Socialista que él lideraba, debía ante todo ceñirse a estos principios. Fueron estos mismos militantes, Ponce y Lorca los que van a liderar la primera etapa de reorganización del partido, poniendo como uno de los ejes, la disciplina orgánica sobre todo ante la necesidad de que el partido se adaptara al nuevo contexto dictatorial. Con distintos grados de profundidad, pero con la identificación de lo central de esta actitud, tanto el PCCh como el PSCh reordenaron el funcionamiento de sus estructuras, sobre la base de este principio y como recalca María Matilde Ollier, esto significaba que se aplicaba no solo a la vida partidaria, sino que también a la vida personal26.

Este modo clandestino significaba que, a la luz de cualquier persona ajena a la organización, el partido se encontraba proscrito, no existían relaciones partidarias y se obedecía la disposición dictatorial de la censura. En ese sentido, el sigilo, el secretismo, actuaban como mecanismos de seguridad y le permitían al partido poder seguir funcionando en la medida en que sus miembros no eran detectados. Con esta lógica, solamente algunos dirigentes tenían una vida sumergida en la clandestinidad. Como veremos en la profundización de esta temática, entre la primera dirección clandestina, que se articula en septiembre de 1973 y la tercera que comienza a funcionar a fines de 1975, solo algunos dirigentes funcionaban en la total clandestinidad. Por su amplia visibilidad, Rolando Calderón tuvo que cambiar radicalmente su vida después del once de septiembre. Ministro de Allende y figura central de la CUT, como miembro de la dirección socialista su visibilidad era un peligro para su seguridad. Calderón recuerda:

“Tuve que pasar a la clandestinidad, con todos los cuidados y rigores que eso implicaba. Tuve que dejar de vivir en mi domicilio habitual y dejar de tener contacto con mi familia. Tenía que recurrir a casas de seguridad y cambiar con frecuencia de una en otra, tomar contactos con muchísimo cuidado con mis camaradas, sobre todo con los otros miembros del CC del PS, para analizar la situación política y ver el estado en que había quedado el partido. Tenía que salir poco a la calle, y chequear la posibilidad de ser seguido, usar seudónimos, algún cambio físico, hablar poco por teléfono y recurrir a enlaces para reunirme con otros compañeros. La rutina no era una buena opción en esas circunstancias. Era necesario cambiar con bastante frecuencia de domicilio, no hacer siempre los mismos recorridos, no visitar los mismos lugares, cambiar los eventuales sitios de reunión con otros camaradas y más. La rutina, de cualquier tipo, implica quedar en la retina de terceras personas que con buena o con mala intención podían fijarse en uno, con lo cual aumentaba tu grado de exposición. Sin embargo, precisamente para no llamar la atención, en los momentos en que era necesario salir a la calle, había que hacerlo con la máxima preparación posible. Dar imagen de normalidad en todo momento”27.

En un segundo plano, un grupo amplio de militantes que asumieron responsabilidades de dirección nacional o regional mantuvieron sus trabajos partidarios con total sigilo, pero no crearon una leyenda de vida paralela, una falsa identidad pública para evitar la caída. En otras palabras, mantenían sus vidas en la normalidad modificando algunas costumbres y rutinas que pudieran poner en peligro el funcionamiento partidario. En ese sentido, a diferencia de lo que operó en el PCCh, los socialistas mezclaron formas de clandestinidad, combinaron el ocultamiento total de sus dirigentes con una vida familiar y social discreta.

El funcionamiento exitoso de este mecanismo, por lo menos desde 1975 en adelante, respondió entre otras cosas a la poca visibilidad que tenía un gran número de militantes previo a asumir estos cargos dirigenciales. Como explican varios militantes, no eran conocidos, no tenían una relevancia significativa antes de pasar a ser dirigentes nacionales o regionales. A lo anterior hay que sumarle el mayor trabajo de seguridad que comenzó a operar entre la militancia lo que implicó mejorar la sofisticación en la inteligencia, como veremos más adelante, sobre todo después de la caída de la primera y de la segunda dirección, ambas en 1975.

El fruto de todo lo anterior, significó que esta organización dividida en pequeños grupos operativos y dispersos por el país, lograra realizar para el período en estudio, tres plenos del comité central, una de las estructuras operativas más importantes del partido. El sentido de lo anterior, demuestra que la mera sobrevivencia no fue un rasgo característico de la militancia, sino más bien el PSCh se desplazó un peldaño más arriba en la complejidad del funcionamiento orgánico. Decimos que, junto con lo anterior, el PSCh y muy probablemente el resto de la izquierda clandestina, generó nuevas formas de hacer política, de reorganizar no solo la estructura partidaria, sino que también las conductas y acciones que tradicionalmente operaban en el partido bajo el contexto de la vida democrática. En este sentido, la concreción de estos plenos, 1976, 1977 y 1979, con la consecuente preparación previa, la discusión y la elaboración de material entre otras tareas, demuestran la existencia de un ejercicio militante de mayor disciplina que se fue configurando bajo el contexto de clandestinidad.

En este sentido, la presencia muy remarcada por la militancia y la documentación partidaria que versa sobre los mecanismos de funcionamiento partidario, reconocen la existencia de una mayor disciplina interna por parte de la militancia socialista, expresión muy distinta a la fisonomía partidaria socialista previa al golpe. Esta disciplina se convierte en un elemento de la identidad socialista de la época, ya que permite la permanencia del colectivo y aparece fuertemente como un rasgo personal de los militantes. Esta actitud, era una de las primeras lecciones de la militancia que se incorporaba al partido clandestino, refrendada por las diferentes reuniones dirigenciales, y castigada cuando no operaba de la forma necesaria.

Los mecanismos de comunicación y de funcionamiento interno.

Uno de los desafíos más complejos para una organización de cerca de 90 mil militantes, era reunir información sobre el estado del PSCh, es decir conocer con precisión en qué situación estaban los dirigentes nacionales y regionales, los parlamentarios, ministros y otras figuras históricas. Con este catastro se podía tener un panorama general de la situación. No obstante, y como lo comenta uno de los militantes que trabajó en la reorganización del partido, el conocimiento en contextos dictatoriales también era un potencial peligro para la militancia. César Yáñez recuerda:

“Respetar mucho la compartimentación, no preguntar nada, nunca preguntar. Todos pasaban la información que debían pasar y lo que no se pasaba no se debía saber. Delirante también porque hay una sensación muy fuerte de que saber es peligroso, también una sensación muy fuerte de que la probabilidad de ser capturado por la DINA era altísima, o sea en cualquier momento nos pillaban a todos, y por lo tanto, no saber, era también delirante… ¡para hacer acción política cómo no va a ser mejor no saber! 28.

Así junto con la constante tarea de la recopilación de la información, uno de los trabajos más minuciosos y constantes a lo largo de los primeros años de la dictadura fue la recomposición partidaria que se traducía en la denominada tarea de reconectar. Esta suerte de pesquisa en las sombras, fue una de las principales acciones y uno de los ejercicios más delicados y anónimos de los militantes llevados adelante sobre todo por jóvenes desconocidos. Gustavo Ogalde, trabajó precisamente en esta tarea. Recuerda así lo realizado:

“Yo tuve que viajar mucho a regiones, y te decían efectivamente que conocían gente, pero no era gente activa. Además, en los primeros años nuestra actividad principal estaba muy reducida a intentar contactarnos, a tratar de reconocernos, mirar si estas disponible o no estas disponible, y mucha gente te decía que no, con explicaciones bastante razonables”29.

La sencillez de este trabajo inicial, pero a la vez de vitalidad para la pervivencia de un partido, nos ayuda a construir la imagen de una colectividad en donde una de las primeras labores que debían desarrollar un sinnúmero de ayudantes era simplemente sumar gente, reubicarlos y verificar si estaban disponibles o no. Alejandro Goic, comenzó a militar en el Instituto Nacional a muy corta edad desde 1970 cuando cursaba 8° año básico. Poco a poco se involucró desde la juventud del partido con los equipos de colaboración de la primera dirección clandestina. Ricardo Solari le confió distintas tareas de apoyo para la dirigencia. Goic recuerda:

“Lo que quedó luego del asesinato de los viejos, que estaban asilados, exiliados, fue la dirección de la juventud, y eso fue el partido socialista, más algunos que no eran de la juventud, eso es el partido formalmente. Se arma sobre la base de las confianzas personales, del conocimiento, de la confianza en el otro, esa es la base sustantiva, con gente sin ninguna experiencia en trabajo clandestino. Eso es muy relevante. Toda la pega, era uno más o una más, esa era toda la pega”30.

El resultado de este trabajo sigiloso fue la estabilidad de la tercera dirección clandestina sin grandes detenciones hasta 1983. Eduardo Gutiérrez, conocido como Andrés, fue uno de los principales dirigentes de este equipo, por lo que mantuvo una rigurosa clandestinidad durante años, lo que incluía, por ejemplo, la utilización de un carnet de identidad de un amigo exiliado y el anonimato total de su lugar de residencia. Él con un grupo de compañeros y compañeras idearon nuevas formas de comunicarse y de realizar la vida partidaria. Andrés recuerda:

“Tu generabas un vínculo y tenías 3 o 4 mecanismos de contacto, que generalmente eran en la calle, días concretos, con retomas, y después empezamos a establecer los mecanismos de comunicación. Por ejemplo, íbamos a un negocio, y le decíamos a la persona que yo era vendedor viajero y que necesitaba dejar recados acá, y que le podíamos pagar mensualmente… Después usamos casillas de correos. Lo usamos poco, lo más usual eran las tomas y retomas. Nos poníamos de acuerdo para juntarnos la próxima semana en un lugar a tal hora, tiempo de espera 15 minutos, la retoma era otro día en otro lugar, y luego podía venir una tercera retoma, el problema era cuando se perdía el contacto”31.

Para que todo esto pudiera funcionar en el tiempo, el partido debió ser uno solo, pero dividido en pequeños grupos. Esta norma básica de la clandestinidad se denominaba compartimentación. Tras las primeras caídas de dirigentes importantes lo inmediato era “dejar de juntarse” colectivamente, de tal manera que se operara en unidades más reducidas que trabajaban en base a tareas específicas, información concreta y en donde el sigilo y los pocos detalles entregados a los militantes eran vitales para mantener la estructura. Eguerson Vásquez, militante socialista de Concepción, trabajó en las labores de reestructuración del partido luego del golpe en dicha ciudad. Sobre la compartimentación y la separación de la estructura partidaria recuerda: “Hay preguntas que eran innecesarias, había muchas cosas que nosotros no preguntábamos, mientras menos supiera mayor seguridad había para ti y para la organización y para los compañeros”32.

Es posible entender que esta primera lucha entre el partido y el régimen tiene que ver con la disputa por la información, con el resguardo de esta y la conexión. Se genera una doble dimensión en donde la actividad política que había antes del golpe, un ejercicio eminentemente público, se desplaza a un terreno indescriptible que va siendo modificado constantemente con el fin de que esta información subterránea sea la que triunfe en esta disputa contra la Dictadura. No obstante, el conocimiento siempre es parcelado, requisito mínimo del sigilo y la cautela. Germán Correa recuerda: “Uno en esa época no conversaba de los detalles de cómo se reorganizó el partido. Estábamos muy compartimentados, no preguntábamos cosas, y después cuando se normaliza la vida uno no pregunta para recordar viejos tiempos”33. Otro de los dirigentes relevantes de la tercera dirección clandestina, Raúl Díaz señala: “Yo conocí a Germán cuando lo incorporamos a la Dirección clandestina, yo calculo que lo incorporamos a mediados del 77’…y vine a saber que se llamaba Germán Correa, en junio del 83 o sea que las medidas de seguridad y compartimentación funcionaban”34.

El desconocimiento de la totalidad, del conjunto del partido, de la masa total de militantes activos, relativiza la imagen del todo, subjetiva aún más la percepción de la realidad partidaria. La condición de conocer una parte del partido, fracciona aún más el sentimiento de pertenencia. Ida Muñoz fue una profesora de Valparaíso que trabajó en la reconstrucción del partido en la zona. Recuerda que fue una tarea lenta y sigilosa, en donde se resguardaban las identidades y las formas de comunicación. Muñoz relata: “Todo era con mucho cuidado para mantener la identidad de quienes nos organizaban, yo los conocí por los nombres de esa época, tiempo después vine a saber cómo se llamaban realmente…Nos preguntábamos ¿Vas a ir al cumpleaños del Pato Silva?, si, ¿Dónde nos juntábamos?, en tal parte. Pato Silva era el código de Partido Socialista”35.

En muchos casos y durante la primera etapa más compleja de persecución, para muchos militantes el partido eran 2 o 3 personas que se reunían en esquinas o caminando e intercambiaban información hasta quedar para la próxima semana a una hora determinada en un lugar específico. Tal era el nivel de compartimentación y de rigurosidad y disciplina que practicaban algunos militantes, que muchas veces al interior de las familias se desconocían las tareas que desarrollaba algún miembro del núcleo. Alejandro Goic recuerda que le encomendaba tareas a sus distintos hermanos y hermanas en la ayuda y colaboración con el partido. Goic comenta:

“Para el Pleno del 79, me voy a imprimir el documento (preparación al Pleno) en un departamento de seguridad que teníamos en Rosas, pasado Brasil, teníamos una offset, en un edificio residencial que sonaba una enormidad. Cuando terminamos de imprimir la cantidad señalada, yo bajo con las cajas a entregárselos al contacto, una compañera que venía a buscarlos, y bajo y veo una Renoleta, y es mi madre quien está adentro, junto con Akin Soto. Yo sin saber”36.

Un papel relevante de lo anterior, fue el manejo y cuidado de la información. Las persecuciones y sesiones de tortura de los aparatos represivos de la Dictadura, buscaban información sobre el funcionamiento de la izquierda chilena para impedir su reorganización. Y fue precisamente este preciado saber el que se intentó resguardar por la militancia. En primer término, el partido clandestino evitó mantener información escrita, libretas con datos, nombres y todo aquello que fuese peligroso de tener archivado. Aquí entonces comenzaron a operar los nombres falsos, las chapas, la memoria para almacenar lo que se indicaba y las instrucciones que se daban. En definitiva, crear las condiciones de operatividad en un mundo sumergido o paralelo al acontecer cotidiano del Chile de los setenta y ochenta. Toda una trama con argumentos, personajes, historias y escenarios de un teatro de operaciones que buscaba resistir. Las experiencias de caídas durante los primeros años, junto con la imagen cada vez más convencida de la falibilidad de los aparatos de seguridad, les permitió a los militantes recurrir a ingeniosas alternativas. Alfonso Godoy fue uno de los militantes que trabajó en la reconstrucción del partido en la zona de Valparaíso. Sobre las acciones partidarias, recuerda:

“Una de las primeras cosas que yo hice, fue llevarle correspondencia a Paddy Ahumada que estaba en una provincia al interior. Eso me costó porque me conseguí dinero para viajar, y los documentos que tenía que llevar, eran muy chiquititos y los pusimos en nueces. Ahí entre medio de las nueces que estaban buenas, pegamos con mucho cuidado las nueces que tenían los documentos, supongo yo documentos que venían del Central, y ahí yo me arriesgue a ir… Armábamos caletas en donde dejábamos documentos, o volantes. Que eran las caletas, supóngase cerca de su casa hay una zanjita, una salida de agua que no se usa, entonces yo ponía el paquetito ahí y con una tiza hacia una marquita, y usted se lo llevaba. Ahí impera la lógica, lo que leímos, la creatividad, y el miedo. El miedo a uno lo hace inventar37.

Uno de los elementos que debieron resolver para poder ejecutar estas acciones, eran los lugares. Rafael Almarza estudiaba en el liceo en Limache cuando se produjo el golpe militar y ya formaba parte de la JS. En 1977 se traslada a Valparaíso a trabajar en la reconstrucción del partido en la zona. Almarza, recuerda el trabajo previo a la celebración del III Pleno clandestino del partido en 1979:

“En la preparación del III Pleno Nacional clandestino del partido, aquí participaron cerca de 400 compañeros (regional), de ahí se generan conclusiones hacia los delegados, yo participé de eso, éramos 15 delegados que nos juntamos en un restaurant, en Viña en la calle Álvarez con Von Schroeders, El Toconao, en el segundo piso. Estábamos los delegados con nombres falsos, gente de La Calera, de Los Andes, de Llay Llay… casi de todas partes”38.

Como no existían lugares seguros para trabajar, ya que las sedes de los partidos habían sido allanadas y expropiadas por la dictadura. Los lugares del partido se convirtieron en las intersecciones de calles, fachadas de oficinas, sedes de sindicatos, canchas de futbol de poblaciones periféricas, subterráneos, bodegas y un sinfín de espacios inventados. En este sentido, el trabajo que prestó la Iglesia, los sacerdotes de poblaciones, algunas religiosas, fue fundamental para permitir darle continuidad al partido. Es posible entender esta colaboración bajo el prisma transformador que experimentó la Iglesia católica y el mundo religioso a partir de la década de los sesenta. Graciela Jiménez trabajaba como profesora en Viña del Mar. Desde esta ciudad y en conexión con Valparaíso, trabajó desde muy temprano en la reconstrucción del partido, junto a Godoy y Almarza. Recuerda de esa época la colaboración del mundo religioso en la reconstrucción de la orgánica. Jiménez nos comenta: “Nosotros hacíamos plenos del partido en el Colegio Compañía María de Recreo, en el restaurante Cap Ducal, lo prestaba Tomás de Remetería. Las monjas facilitaban el espacio, el colegio Compañía María. Ellas sabían lo que nosotros hacíamos ahí39.

En los estudios referentes al PCCh durante la clandestinidad, uno de los ejes principales que les permitió a los comunistas poder sobrevivir a la desaparición, fue la creación de mantos, es decir el desarrollo de alguna actividad, profesión u oficio, que escondiera la actividad ilegal. Rolando Álvarez comenta que, si el manto era falso, es decir el militante no trabajaba realmente en dicha ocupación, debía sí o sí, tener algunos conocimientos básicos en torno a ese trabajo de tal manera de no levantar sospechas. Así no solo había que inventar historias, sino que también construirlas y apropiarse de ellas. Juan Morello, también trabajó en la reconstrucción del partido en la Región de Valparaíso. Antes del golpe militaba en la JS, y junto con un grupo de jóvenes militantes, colaboraron con los antiguos cuadros que sobrevivieron los primeros meses de la represión, Armando Barrientos, Eduardo Escalante y Paddy Ahumada entre otros. Morello, cuyo nombre político era Pato, recuerda como levantó esa leyenda:

“Cuando paso a la clandestinidad, sigo viviendo donde mismo, en Santa Inés. Lo que hago, bueno lo primero es que el partido te financia, hago trabajos. Estuvimos en Placilla como tres meses haciendo pallets, después trabajé, para demostrar que trabajaba, como tres meses en el restaurant Cap Ducal, de la familia De Remetería. Yo ahí demostraba que trabajaba, pero en realidad no cobraba, mi sueldo me lo daba el partido. 300 dólares por mes”40.

Todos estos elementos identitarios del nuevo quehacer político socialista, transformaron las maneras tradicionales del ejercicio militante. Es importante recalcar, que estas maneras menos convencionales y muy sutiles, crearon un escenario de poca visibilidad de las organizaciones políticas por lo menos durante los primeros cinco años después del golpe. Pero, sin embargo, más que la desaparición de los partidos políticos, es posible afirmar que estamos en presencia de una transformación de sus prácticas, de una adaptación al contexto autoritario de anulación del ejercicio político, lo que configuró una esencia distinta en los partidos de izquierda, una identidad con códigos propios y particulares del contexto represivo.

Para que todo lo anterior pudiese funcionar, el partido interior debió recibir financiamiento desde el exterior. Así, el arriendo de oficinas, la compra de una fotocopiadora, el material necesario para desarrollar la política, la compra de un automóvil, entre otras actividades, se costeaba con el dinero que llegaba desde el exterior, de la URSS, de la RDA o a través de Cuba. Rafael Urrejola comenzó a militar en el PSCh en 1968 con 23 años. Periodista de profesión, se vinculó con la campaña de Salvador Allende desde 1969 y luego del triunfo de la UP, asumió como jefe de prensa de la Oficina de Información y Radiodifusión de la Presidencia de la República. Por esta razón, fue uno de los primeros socialistas que debió abandonar el país por motivos de seguridad en septiembre de 1973. Su destino fue Lima. En Perú, junto con Luis Lorca, hermano de Carlos Lorca que llegó un tiempo después, instalaron una estructura de apoyo logístico para la Dirección Interior. Rafael Urrejola trabajó en esas tareas hasta 1983 cuando partió a Ecuador. Urrejola comenta:

“Aquí (en Perú) hacíamos pasaportes, le hicimos el pasaporte a Pancho Mouat, nosotros teníamos en nuestra casa un pequeño laboratorio para estas cuestiones, habíamos tenido el curso (De contrainteligencia en Berlín) …La gente de Chile, viajaba a Perú y de aquí salía rumbo a Cuba, a la URSS, a España a donde el partido los había determinado… dinero, eso era lo más importante, era la subsistencia de la dirección aquí. El dinero lo recibíamos de Cuba y de Berlín. Hacíamos barretines. Alguna vez viajó un cura que yo conocía, un cura chileno. Agarramos la biblia, mi mujer hacia eso, para las cosas finas ella era experta, rompíamos una parte del libro y ahí colocábamos los fajos de billetes, 5.000 dólares. Le dije mira yo necesito que le lleves esta biblia a mis suegros porque tengo un amigo que se va a meter a cura… el sacerdote no tenía idea de que iba dinero. Entonces avisábamos por nuestras vías que también eran clandestas, que fueran a buscar el paquetito”41.

Eduardo Gutiérrez recuerda que eran como 10.000 dólares al mes que se repartían entre algunos compañeros que estaban dedicados completamente a la organización, cada uno recibía unos 100.000 pesos de hoy. También existieron redes de exiliados organizados políticamente que enviaban algunos montos hacia Chile. Todo este dinero siempre fue escaso y muy limitado, ya que como recuerdan algunos militantes, no siempre llegaba mes a mes de forma regular. Es evidente entender entonces que, a las complicaciones propias de la persecución, el temor, la desconexión y la inseguridad, se sumaron los problemas económicos. Este ambiente hay que comprenderlo también bajo el contexto dictatorial de crisis económica de los primeros años de gobierno, en donde las cifras de pobreza del país aumentaron dramáticamente expresados en altos índices de inflación y cesantía. A este escenario de evidente pobreza, hay que agregar la situación de los militantes socialistas que se quedaron en Chile perseguidos y con miedo, lo que complejizó en extremo su situación laboral. Muchos fueron despedidos de sus trabajos o tenían mayores dificultades al momento de encontrar estabilidad laboral por su posición política, lo que precarizaba aún más su situación. Es posible afirmar que el golpe político para ellos en este período también significó un golpe económico. Bajo esta situación, el partido o lo que quedaba de él, con la atomización de la militancia en distintos lugares del país y zonas, también representó un espacio en condiciones de clandestinidad, de protección y ayuda. Bajo el prisma de Sawicki antes referenciado, las pertinencias formales de los partidos políticos clandestinos, están más allá de la discusión programática o los planes electorales del momento, se convierten entonces en nidos de solidaridad primero, en donde lo que asoma como primera necesidad es ayudar al compañero en sus carestías más básicas. Graciela Jiménez, recuerda las primeras acciones de solidaridad interna entre sus compañeros y compañeras:

La compañera Esperanza era la encargada de llevar la solidaridad, el negro Rodríguez, tenía una carnicería en Santa Inés, y era encargado de llevar carne a los compañeros. Además, era el que organizaba los aniversarios del partido, su papá fue uno de los fundadores del partido. La compañera Le Pont, era la encargada del ropero, buscaba ropa para los compañeros, había mucha gente que no tenía que ponerse42.

Esta fisonomía precaria de resistencia, no impidió que se realizaran algunos actos simbólicos que eran necesarios para alimentar los elementos identitarios del socialismo, nos referimos a los aniversarios del partido y las fechas emblemáticas. Varios de los entrevistados, recuerdan que no dejaban pasar los aniversarios del partido, 19 de abril, como una fecha en que se realizaba algún acto íntimo, alguna declaración pública o alguna declamación en un acto cultural o en las recordadas peñas folclóricas. Estos espacios, como apuntan Gabriela Bravo y Cristián González, se convierten no solo en escenarios de expresiones musicales censuradas, sino que adoptan ante la ausencia de los partidos políticos de izquierda, la misión de comunicar e informar el mensaje de oposición a la dictadura en un marco de cargado simbolismo43. En ese sentido, la conmemoración en estos espacios y otros, el ejercicio del recuerdo, el hacer historia, fue un rito que se ejecutó en los peores momentos y en los más complejos lugares durante el período dictatorial44.

No obstante, uno de los íconos históricos por los cuales el PSCh va a trabajar para que no desaparezca, es la conmemoración del 1 de mayo. Estos hitos se celebraban en sedes sindicales, en juntas de vecinos, en clubes deportivos de barrio, en pasajes ocultos de las poblaciones periféricas, entre otros lugares. A veces eran simples declaraciones en medio de reuniones sociales y en otras ocasiones aparecían como saludos en peñas culturales. Estos 1 de mayo, en la medida que la Dictadura era menos agresiva en contra de la oposición, fueron transformándose en grandes actos públicos a fines de los setenta, en donde tímidamente los partidos políticos comenzaron a visibilizarse a través de banderas y la lectura de discursos públicos. Ricardo Solari recuerda que la importancia de estas celebraciones, inclusive más que la del partido, tenía que ver también con la posibilidad de reencontrarse con el resto de los partidos opositores, era como señala una fecha pluripartidista. En ese sentido, la convocatoria incluía también a sectores de la iglesia y atraía la atención de algunos medios de comunicación europeos45.

Una de las relevancias en relación con el 1° de mayo y el simbolismo para el socialismo clandestino, se expresa en el foco inicial durante este período hacia el trabajo del partido para reorganizar al movimiento sindical. Desde 1974 se pueden observar las primeras reuniones clandestinas de dirigentes sindicales, con el objetivo de reorganizar al movimiento de trabajadores. En este trabajo se insertaron dirigentes comunistas, democratacristianos y también socialistas. El corolario de este camino fue la creación formal de la Coordinadora Nacional Sindical en 197846.

Este fragmentado partido, logró reestructurarse y trabajar en la planificación de la transición a la democracia, transformándose en uno de los actores políticos ejes de los gobiernos de la Concertación durante los años noventa. Este proceso es la historia de la reconstrucción de un tejido social y político, protagonizado por un conjunto de anónimos militantes, quienes ejecutaron una serie de actos oscuros, los que le dieron la continuidad histórica al PSCh. El concepto lo acuña E.P. Thompson y se refiere a la creación de un cúmulo de acciones de rebeldía campesina en contra del poder opresor47. La magnitud de estos actos oscuros está moldeada por la disparidad del gobernante y en ocasiones parecieran ser expresiones insignificantes y espontáneas sin objetivos claros. Lo cierto, es que como recalca Thompson, esta resistencia pasiva, no está carente de significado político y forma parte, en el caso del PSCh, de una larga cadena de intenciones que opera bajo las sombras buscando darle continuidad histórica al partido. El sentido de este propósito, el más básico e inicial, lo analiza lúcidamente uno de sus protagonistas. Ricardo Solari reflexiona:

“El principio esencial que nosotros tomamos, luego de vivir el golpe, luego de trabajar con la Primera Dirección clandestina, que era una continuación de la dirección previa al golpe la de Altamirano, que tenía una tremenda responsabilidad con la Historia, y que tenía unos tremendos cuadros excepcionales, la Segunda (Dirección clandestina) había retomado el mismo espíritu, pero nosotros acordamos que nuestra gran tarea estratégica era sobrevivir, o sea nosotros no vamos a armar el frente nacional antifascista, ni vamos a la movilizaciones de masas, ni vamos a armar el polo, nuestra gran pega consiste en que esto no desaparezca, exista algo que se llama PS y que todo personaje que ande en el mundo haciendo solidaridad con Chile, haciendo mítines en las Universidades, consiguiendo apoyo en los sindicatos, etc., esa gente sepa que hay una referencia en Chile, en eso nos concentramos”48.

Dentro de las urgencias de la reorganización, estaba la creación de un diario clandestino que pudiera evidenciar la existencia del partido a pesar de las detenciones, desapariciones y los exilios. Esa tarea fue encomendada a Alberto Luengo. Alberto era un joven militante de la Juventud Socialista que estudiaba periodismo y en esa circunstancia, lo contactó Ricardo Solari para trabajar en la construcción de un equipo de comunicación que tuviera como objetivo transmitirle a una gran cantidad de militantes descolgados que todavía había partido. Según recuerda Luengo, en ocasiones de mucha represión, el diario se transformó en la única expresión partidaria, mostrando hacia la militancia que, a través del papel impreso, el partido seguía con vida49. Todo el engranaje se realizó bajo estrictas medidas de seguridad, implementando el trabajo de armar, diseñar, redactar, imprimir y distribuir el diario de manera compartimentada. Un elemento que resalta en la tarea por evidenciar la visibilidad del partido, fueron los esfuerzos para enviar el Unidad y Lucha hasta la militancia en el extranjero, la mayoría de las veces a través de microfilms ocultos en barretines.

Creemos que es importante recalcar que la vida política de los partidos se transformó radicalmente luego del golpe militar. Es por eso que la acción militante comenzó a dibujarse con otros rasgos y características, todo ello condicionado por la clandestinidad. En ese marco, el accionar del diario Unidad y Lucha, la celebración de fechas importantes, las formas de comunicación, la realización clandestina de reuniones sindicales, y el diseño de la estructura partidaria, conformaron un nuevo lenguaje político que refuerza la tesis de la existencia de una cultura militante distinta para el período. Uno de los elementos identitarios que sobresale bajo el análisis histórico, fue la presencia vital de los jóvenes en esta reconfiguración.

La juventud. Cuando el arrojo se funde con el heroísmo y la responsabilidad histórica

Uno de los primeros rasgos que saltan a la luz analizando las fuentes disponibles, es la composición etaria de los dirigentes que asumieron la tarea de reestructurar al PSCh50. Luego del golpe militar, el principal líder del socialismo, el senador Carlos Altamirano, estuvo resguardado por una red de colaboradores que lo mantuvieron oculto hasta que los aparatos de seguridad de la RDA lograron sacarlo del país. El resto de los dirigentes del partido estaban repartidos en Isla Dawson, en otros Campos de Concentración, asilados en distintas embajadas o habían sido asesinados por la represión. En este escenario, hacerse cargo del partido no era una tarea fácil de realizar. No obstante, un número no menor de militantes, dispuso de su colaboración para revertir la compleja situación orgánica. Como hemos descrito en páginas anteriores, lo que puede denominarse la primera dirección clandestina estuvo bajo el liderazgo reconocido de Exequiel Ponce. Con Ponce van a asumir tareas organizativas entre 1973 y 1975, Ricardo Lagos Salinas, Carlos Lorca Tobar, Víctor Zerega Ponce y Ariel Mancilla. Todos ellos fueron asesinados por la Dictadura o desaparecido entre 1974 y 197551. Los que no corrieron el mismo destino y que tenían edades similares son entre otros Eduardo Gutiérrez, Raúl Díaz, Ricardo Solari, y una serie de dirigentes regionales y ayudistas. En definitiva, el partido decidió disolver la estructura de la JS, e incorporar a los jóvenes al partido. El partido había sufrido duros golpes y los militantes de mayor experiencia tenían temor a reactivarse políticamente. Observamos que la fisonomía de este nuevo partido combinó la juventud, el arrojo y la energía, con la experiencia y madurez de antiguos cuadros militantes. Tal fue el caso de Albino Barra, dirigente sindical y diputado socialista que tenía 67 años al momento del golpe. O de Julio Stuardo quien se incorporó a las tareas de la reorganización del partido con 42 años, edad similar de Augusto Jiménez, otro militante que integró la tercera dirección clandestina y que formó parte del gabinete de Salvador Allende.

Las formas, las maneras y la metodología de reconexión entre estas nuevas generaciones y las más experimentadas, son variadas y diversas, pero todas mantienen un hilo conductor, la generosidad de cuadros políticos de mayor edad al momento de entregar el protagonismo y colaborar en la reconstrucción del PSCh. Germán Correa trabajó en el área de planificación durante la Unidad Popular. Con 34 años, el golpe militar de septiembre lo dejó sin trabajo y con muchas dudas sobre el futuro. Empezó a trabajar en programas de desarrollo de Naciones Unidas en Santiago. En paralelo, como militante socialista, comenzó a rearticularse con su núcleo y a colaborar con la primera dirección clandestina. Recuerda por esos años:

“Cuando cae la segunda dirección clandestina, los que quedaron eran todos muy jóvenes, 18, 19 años el mayor habrá tenido 22, yo en ese entonces tenía 35 años, era un viejo para ellos, pero ellos reclutaron a otros más viejos que yo, como Albino Barra, Julio Stuardo, Akin Soto, porque el problema que ellos tenían era que no eran conocidos en el partido, sobre todo por los que estaban en el exilio”52.

Correa refuerza esta necesaria idea de fusionar experiencia y conocimiento con la energía y el ímpetu de una generación que creció políticamente con el proyecto de Vía Chilena al Socialismo y que vio frustrado su futuro revolucionario.

Leonardo González comenzó a militar en el PSCh a comienzos de los años 80 en la ciudad de Quilpué cuando estudiaba en el Liceo Coeducacional. Las conversaciones con viejos militantes lo acercaron de manera más formal al socialismo. Con Justo Olmedo, entabló una relación no solo política sino también fraternal. Leonardo, que utilizaba el nombre político de Bruno, recuerda ese vínculo con antiguos militantes socialistas en las tareas de reorganización del partido en la zona:

“Todo ese trabajo yo lo hice con la colaboración de don Justo Olmedo. Yo llegué a su casa y él estaba esperando a Bruno y aparecí yo. Y con el empezamos a reconstruir con militantes que habían participado hasta el 73. Me dio un listado de 40 nombres, y ese fue un trabajo muy lindo, porque él me daba los nombres, por ejemplo, María Bravo y yo le ponía Rosa, entonces yo memorizaba Rosa, y yo trabajaba con Rosa no con María Bravo. Yo memorizaba y olvidaba el nombre verdadero, ese fue un ejercicio que nos habían enseñado a fines del 83 a comienzos de 84, con compañeros de inteligencia, en escuelas. Nos enseñaron la compartimentación del trabajo, y ahí aprendimos distintas técnicas. Y con esa gente fuimos reconstruyendo, y también los papás nos pasaban a los hijos para poder ir reconstruyendo juventud”53.

El gran Valparaíso, zona que comprende las ciudades de Valparaíso, Viña del Mar, Concón, Quilpué y Villa Alemana, presentaba condiciones propicias para una reestructuración silenciosa y diversa del partido en la zona. En un trabajo similar al desarrollado por la DI, ubicada en Santiago, los militantes jóvenes se apoyaron en Valparaíso por cuadros socialistas de mayor experiencia que colaboraron en una serie de tareas en la reconstrucción del partido. Es posible dibujar esta situación entendiendo que el trabajo operativo, las tareas más arriesgadas y algunas acciones de hostigamiento armado en contra de los aparatos de seguridad del régimen, lo realizaron mayoritariamente jóvenes. Mientras que, en otro plano, militantes de mayor edad colaboraron con apoyo financiero o en la reorganización del movimiento sindical, ya que tenían una imagen más acabada del funcionamiento del partido a nivel nacional y poseían los contactos tras largos años de permanencia en el partido, conociendo con detalle el funcionamiento del mismo. Una de las tareas más destacadas y en donde afloró la experiencia, fue la articulación en la zona de Valparaíso, del movimiento de defensa de los DDHH, llevado adelante por María Bravo y el abogado Juan Guillermo Matus. Hay que entender este esquema de tareas, no como una clasificación rígida de funciones. Más bien operó en la práctica como un cruce de acciones al interior de la organización. Para graficar esta situación de colaboración, el joven estudiante de derecho en la época, Rafael Almarza, conocido en la juventud como Miguel, y luego en el partido como Jorge, comenta:

“Yo identifiqué a un viejito, el doctor Alonso Zumaeta, que había sido diputado tenía como 80 años, y el viejo prestaba su casa, ponía dinero, a los compañeros que tenían problemas les daba certificados médicos. Zumaeta fue diputado por Valparaíso y Quillota a fines de los 50 y comienzos de los 60. En septiembre del 83, y gracias a la denominada apertura de Jarpa, se reunieron socialistas de toda la región por primera vez después de 10 años. Esto se hizo en la ‘Sala 14’ de Viña del Mar, eso ya no está, ahora hay edificios ahí. El Doctor Zumaeta simuló la realización de un homenaje a su persona por haber cumplido más de 50 años de profesión. Fueron más de 200 militantes”54.

La fisonomía social de la militancia durante la dictadura, se correspondía con la esencia histórica del partido nacido en abril de 1933. Como lo muestran diversas radiografías sociales55, había un marcado acento entre la dirigencia y la militancia de sectores profesionales que le dieron una identidad diferenciadora de sus aliados comunistas. Los médicos, profesores universitarios, abogados, economistas y muy marcado durante los años sesenta, los cientistas sociales, mantuvieron una fuerte presencia en la organización socialista. Fueron precisamente de entre estas redes de colaboración desde donde salieron los potenciales espacios y nudos de apoyo para la reestructuración inicial de los socialistas. A este escenario también hay que sumar, sobre todo en las poblaciones periféricas de las grandes urbes del país, el trabajo de pobladores que, dadas las características del entorno, les permitió a los socialistas comenzar a recontactar y reubicar militantes.

Aunque parezca que la relación partido-jóvenes-mayores pueda parecer utilitaria y funcional, muchos militantes comentan que a veces los socialistas de mayor experiencia no querían asumir tareas de mayor visibilidad, por el riesgo que esto conllevaba. Muchos eran padres de familia, con trabajos que pudieron mantener pese a la compleja situación económica de ese entonces. En los primeros años habían sido perseguidos y muchas veces habían sufrido la prisión y la tortura y no estaban en condiciones de arriesgarse aún más. Es por esto que su compromiso se ubicaba en una línea periférica de acción, pero que para las características de la precariedad y la clandestinidad del PSCh, eran funciones vitales para el andamiaje de la organización. Ida Muñoz recuerda que una de sus tareas más rutinarias, era retirar un aporte de un compañero en un Banco:

“Yo hice el papel de recolectar dinero de los ayudistas. Me acuerdo haber ido al Banco de Chile donde había un compañero que era un cajero que nos entregaba dinero, él fue después alcalde de Putaendo (Guillermo Reyes Cortez). Yo me acuerdo que iba todos los meses a buscar la donación que el hacía”56.

La discusión sobre la vieja militancia versus el rol de la joven, es un tema de largo alcance y puede rastrearse desde comienzos del siglo XX con las posiciones críticas de los universitarios frente al modelo oligárquico que entraba en crisis, hasta el quiebre generacional de la larga de década de los sesenta. Lo que ocurrió en el caso de los socialistas es que los jóvenes estuvieron dispuestos al sacrificio sin reparos ni condiciones, rasgo que puede rastrearse en el contexto de rebeldía de la época, fisonomía distante de la cautela y el resguardo de los militantes de mayor experiencia. Esta fusión de madurez y arrojo, fue el sello de este primer proceso de reorganización entendido como un momento de resignificación de la militancia, más que como un punto de desplazamiento generacional. Afirmamos lo anterior, pese a que el mismo Carlos Altamirano haya bautizado a esta nueva Dirección como la Patrulla Juvenil, o la Dirección de Pantalones cortos.

La relevancia de este segmento generacional y probablemente por la huella no solo simbólica, sino que también orgánica de Carlos Lorca, se evidenció en la rápida necesidad de reorganizar también a la militancia juvenil del partido. Como hemos descrito previamente, ante la desestructuración y anulación de las redes partidarias sufridas después del golpe, una de las decisiones orgánicas que tomó el PSCh, fue eliminar las fronteras entre la juventud y el partido, de tal manera que todos los jóvenes pasaron a formar parte de la orgánica adulta. Esto se mantuvo hasta fines de los setenta, cuando se decidió crear la Comisión Nacional Juvenil, la CNJ. Jaime Pérez de Arce, fue un importante militante de esta estructura. Recuerda:

“El frente universitario era el entorno en que más gente militaba, nosotros sacábamos la cuenta y calculábamos que como Juventud Socialista teníamos más de mil militantes organizados en todo Chile. Ese trabajo lo estructuramos a través de la CNJ, la Comisión Nacional Juvenil, que dependía directamente de la máxima dirección del partido”57.

Muchos de estos jóvenes militantes, eran niños al momento del triunfo de la Unidad Popular y su crecimiento y formación valórica deambuló entre la crisis de 1973 y el comienzo de la dictadura de Pinochet. Entre su repertorio político estaban las imágenes de la Revolución Cubana, la rebeldía de los años sesenta y la formación del proyecto de la Vía Chilena al Socialismo. Pero también aprendieron a vivir con el miedo en las calles y se adaptaron rápidamente a los horarios regidos por el toque de queda en donde las diversiones juveniles quedaron restringidas por largos años. El partido, los compañeros militantes, se convirtieron en los espacios seguros, en un grupo de pertenencia en donde se encontraban los unos con los otros desarrollando una serie de acciones que muchas veces los ponían en riesgo continuo58. Esta conducta fue posible de realizar en primer término, si estos militantes sentían que el lugar que ocupaban en la organización era un espacio vital en la reconstrucción del partido, en donde las pequeñas tareas asumidas, representaban un gran avance en la lucha por la libertad y la democracia. Y en otro sentido, este mismo lugar partidario fue un espacio de protección, un nido de pertenencia y seguridad en los momentos más complejos de subsistencia, en donde el riesgo y la incertidumbre eran imágenes cotidianas. Hubo, como señala Ricardo Solari, una fusión entre la irresponsabilidad juvenil de asumir tareas sin conocer el real riesgo de ellas y la responsabilidad con la historia del partido, con la continuidad del proyecto socialista y la trayectoria de este.

Componentes de la vida laboral

Tal como hemos descrito en la categorización, todo el trabajo partidario de la militancia socialista era clandestino. Es decir, estaba prohibido por las autoridades militares a través de las disposiciones del régimen. Este marco legal fue contravenido por el PSCh, realizando un trabajo de distinta naturaleza, pero que tenía el mismo objetivo, mantener el funcionamiento de la organización. En ese plano, hemos descrito en una primera línea a un grupo menor de militantes, en su mayoría dirigentes nacionales y regionales, que se encontraban trabajando para el partido estando a disposición completa para la organización y para esos efectos recibían un salario mensual. En otro círculo, había un número mayor de militantes que mantuvieron su vida pública, trabajos, grupo de amigos, pero que, en determinados momentos, a veces se ausentaban por varios días de sus hogares, se involucraban en las tareas partidarias, contactando gente, trasladando ejemplares del diario clandestino Unidad y Lucha, organizando actividades de conmemoración, buscando y facilitando casas de seguridad, entre otras tareas. Estos también tenían, al igual que los primeros, nombres políticos, y se movían en círculos pequeños en donde el conocimiento de la vida del otro era parcial o casi nula. Y en un último plano, en un radio periférico, existió una gran cantidad de militantes que desarrollaron tareas de colaboración, de implementación, algunas acciones de desestabilización, pero cuyo nivel de injerencia en las decisiones partidarias y el grado de participación en la organización era menor. Este gran grupo de ayudistas y colaboradores, en donde muchos de ellos por ejemplo aportaban con dinero, fue vital para el desarrollo de los otros niveles más cercanos a los núcleos de decisiones. En esta última esfera de militantes, es difícil saber si todos ellos se sentían parte de la organización, entendiendo que las prácticas militantes, reuniones, celebraciones, discusiones grupales, fueron escenarios vetados y desplazados por una gran cantidad de años.

En este plano de la discusión, es interesante observar que los militantes del segundo estrato mantuvieron un vínculo laboral conflictivo y precario por el hecho de estar realizando labores en paralelo a su actividad militante. Algunos de sus jefes, sabían de su filiación y sufrieron persecución por eso. O, por otro lado, el partido necesitaba que realizaran tareas que requerían desplazamientos hacia ciudades lo que traía dificultades en el plano laboral. Alfonso Godoy recuerda las precariedades de su vida durante la Dictadura:

“Yo todo ese tiempo estuve cesante, fui vendedor viajero, vendí pan de pascua, mermeladas, también ayudé como pioneta de mudanza, taller de pintura de desabolladora de autos, teníamos un negocio de distribuidora de pernos y golillas, se llamaba La pernoteca…Yo soy profesor de educación física, entonces también trabajé como entrenador de futbol de empresas, Lipigas, Empremar, Hotel O’higgins, por ejemplo. En ninguno de estos lugares, yo mencionaba que era socialista”59.

En el testimonio de Eguerson Vásquez, Manuel, se observa la particularidad de que utilizó el soporte que le entregaba el trabajo, su vínculo laboral, para desarrollar en paralelo la acción partidaria. Esto, utilizando el ingenio y la creatividad para no ser detectados. Manuel recuerda:

“Yo trabajaba en la Dirección de obras sanitarias, a mí me correspondía el tema de ventas, aparato comercial, cuentas del agua, etc. Entonces los compañeros que me conocían, sabían en donde yo trabajaba, y esas personas iban a verme, presentaban un reclamo, tenían dudas con el corte de agua, entonces yo los atendía, venían con sus boletas, y ahí entre medio se daban las instrucciones partidarias”60.

En esta vida anormal que significaba la clandestinidad, el trabajo y la elección de este estaba directamente relacionada con la naturaleza del trabajo partidario. Aun cuando no existía, como hemos observado, la verticalidad y disciplina que en el PCCh, en el socialismo se orientaban ciertas directrices hacia los militantes, la elección de si es que se podía o no ejercer alguna actividad laboral, dependiendo del grado de responsabilidad de las tareas militantes. En este sentido, los trabajos muchas veces eran esporádicos, no había mucho contacto ni se profundizaban los lazos con aquellos compañeros de trabajo que no se tenía la suficiente confianza. A veces se escogían tareas remuneradas con poco contacto con el público para mantener un perfil bajo y no levantar sospechas. Los que mantenían un trabajo más visible, también resguardaban qué tipo de información comentaban y bajo qué contexto. Germán Correa trabajó por algunos años en plena dictadura para un programa de desarrollo de Naciones Unidas. Era un sociólogo visible y sin identidad falsa de manera pública. De hecho, su posición en dicho espacio laboral le permitió salir del país en varias ocasiones, para lo cual utilizaba su pasaporte legal y en el extranjero realizar las tareas que Naciones Unidas le encomendaba. Pero también, ocupó estas salidas para hacer trabajo con la dirección exterior del partido radicada en Berlín oriental. El mismo Germán Correa, participó en el centro de estudios Vector, espacio que desarrolló un importante trabajo de análisis social y en el cual se encontraban militantes socialistas, que por sus tareas menos visibles durante la Unidad Popular no representaban peligro para el régimen de Augusto Pinochet61.

Cecilia González, fue conocida en la clandestinidad como Soledad. Comenzó a militar en 1969 en la juventud del partido, y desde ese espacio luego del golpe militar, se unió a las tareas de reconstrucción del partido. Trabajó en un taller de pintura en género. Esa labor era parte de una estructura de camuflaje de sus actividades militantes que compartió con Michelle Peña, detenida en junio de 1975, junto al resto de la casi totalidad de la primera dirección clandestina. Cecilia recuerda: “Mientras trabajaba con Michelle en el taller, realizaba tareas de enlace con miembros de la dirección. Trabajé directamente con Ricardo Lagos, Octavio Boettinger. Entregaba información en microfilms, cartas, documentos, también mensajes de memoria. Cuando cayó la Michelle, ya no volvimos más al taller”62.

Es posible esbozar superficialmente, que uno de los elementos que caracterizó la vida inicial de esta militancia durante los primeros años de la dictadura tiene relación con la flexibilidad laboral de los trabajos que desempeñaron para vivir. Este rasgo responde a dos elementos. El primero se vincula de manera directa con la esencia de la vida clandestina, que exigía identificar los riesgos y los problemas de seguridad presentes y ante lo cual se podía decidir cambiar de trabajo. Pero el otro elemento, tiene relación con las características laborales del período y alta fragilidad del campo laboral. En ese sentido, es necesario entender la vida del partido y la de sus militantes, en diálogo directo con el contexto político y económico en el cual deambularon.

La vida real, la vida familiar

Es relativamente fácil imaginar que todas estas acciones, toda la vida partidaria que la militancia desarrolló durante estos largos años, haya estado totalmente escondida de los círculos familiares más íntimos. Entonces, cabe preguntarse ¿Cómo combinaban la vida con sus parejas, hijos, padres y madres, con este constante péndulo entre la vida y la muerte? En base a los testimonios escogidos, para los militantes que desarrollaron la clandestinidad total, solamente sus parejas conocían el trabajo que desarrollaban y esto se entiende dado que era la única actividad que ejercían. Lo complejo era en los círculos colindantes con estas formas de vida secreta, en donde se desarrolló el trabajo partidario en doble jornada y, por lo tanto, la justificación de la ausencia y de los regresos a la casa en horarios nocturnos eran difíciles de enmascarar. No obstante, más allá de una consideración por la pareja y la valoración que esta tenía para hablar con la verdad, las indicaciones para no contar la vida partidaria tenían que ver con normas de seguridad y no involucrar a otras personas con la organización.

Los testimonios son múltiples y diversos y hablan de la compleja mantención de una leyenda, de una historia que debía ser replicada en el tiempo, un relato que no debía tener vacíos y manifestarse creíble para el resto. La fusión de la vida privada con la vida pública del partido, la puesta en escena de una historia adornada con una escenografía de una vida que no era propia. Eguerson Vásquez recuerda:

“Los sábados y domingos siempre en la casa, nos juntábamos con amigos, era normal que yo fuera a visitar a mi vecino de más allá, y ahí hablábamos de política, para ir haciendo crecer el tema. Asistir a las reuniones de enlace… Mi pareja no militaba, se hizo militante en dictadura. Mi círculo más cercano no sabía que yo militaba, mis padres, mis hermanos, no sabían que yo militaba”63.

Francisco Zambrano, militante de Concepción, recuerda: “Mis hermanos sabían que yo militaba, nadie más. Yo hacia mi vida normal, iba a fiestas, cumpleaños, tenía parejas, pero todo aparte de la militancia. Era bastante esquizofrénica la situación”64. La nueva situación política instaurada tras el once de septiembre, no solo fue un cambio de modelo ideológico, sino que también representó una grieta social en un número importante de la población para quienes el resultado de la represión les trastocó dramáticamente sus vínculos cercanos.

Según el análisis de las fuentes descritas, es posible afirmar que las redes que el nuevo partido comenzó a tejer estaban mayoritariamente caracterizadas por círculos de confianza más que por afinidades ideológicas. Primó en la decisión entre los militantes en quien contar para enlazarse y zurcir nuevamente los hilos del socialismo, entre aquellos cercanos, entre los conocidos, entre los vecinos de confianza, los amigos de izquierda de la población con quienes ya se venía trabajando desde antes. La confianza en las historias personales y sus virtudes, fue un elemento clave en la reestructuración del partido y sus nudos sociales. Donatella della Porta, señala la centralidad de este rasgo sobre todo en la incorporación de la militancia en organizaciones clandestinas alemanas e italianas en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. La investigadora recoge distintas experiencias de filiación militante en organizaciones clandestinas, en donde la mayoría de los testimonios señalan que:

“Estos lazos afectivos fueron precisamente los que llevaron a los activistas a hacer la transición entre grupos no militantes y la clandestinidad. Por una parte, las organizaciones clandestinas son fundadas por camarillas de amigos, o en algunos casos por lo que Moyano ha llamado dinastías familiares, compuestas por parejas y varios descendientes”65.

A lo anterior y como un elemento que la misma autora señala en su estudio, hay que reforzar que este mecanismo o cualidad en las orgánicas clandestinas, generó un grado mayor de lealtad, desarrollando, plantea la autora, un compromiso político más profundo rechazando por consiguiente los nexos con extraños, con agentes exógenos, fortaleciendo las redes de relaciones endógenas. Entre estas redes estuvieron los vínculos de confianza con determinados miembros de la familia o de amigos cercanos, que en ocasiones eran tíos, primos, abuelos, ex compañeros de colegio o vecinos del barrio que facilitaban colaboración en momentos críticos a determinados militantes. Jaime Pérez de Arce, cayó detenido en manos de la CNI en 1980 y estuvo relegado hasta 1982. Recuerda las repercusiones en su entorno familiar al momento de su detención y como reorganizó su vida luego de la relegación. Comenta:

“Para mi familia fue una gran sorpresa cuando yo caí detenido, nadie sabía en lo que yo andaba metido. Nadie sabía que yo estaba metido a ese nivel en la estructura. Luego de que caigo, y ya se sabe que yo estoy metido en esto, yo me fui de la casa, yo vivía con mi abuela, porque tenía la decisión de seguir en esto, no quería de nuevo que mi abuela se involucrara. Me fui donde unos amigos que me prestaron ese apoyo”66.

Estas alteraciones de la vida familiar fueron probablemente una de las secuelas más subterráneas de la militancia clandestina del período en estudio. Asumiendo que fueron parte de los costos de la lucha en contra de Pinochet, los hitos que formaban parte de la vida familiar del común de los núcleos familiares, quedaron relegados a un segundo plano. En varios períodos y sobre todo durante la primera etapa dictatorial, comentan los militantes que no celebraban cumpleaños, no asistían a reuniones sociales, trataban de llevar una vida social lo más discreta posible, en definitiva, fueron construyendo un molde de familia en donde la vida partidaria clandestina moldeó también sus vidas públicas y las relaciones con su entorno. Este molde, implicó una alteración de su identidad no solo partidaria, sino que privada. Maggy Le Saux, comenta que la compartimentación parceló la vida en los espacios de comunicación, y por ende, señala Le Saux67, aparece con total normalidad esbozos de personalidades paralelas, en donde el clandestino se habitúa a funcionar, haciendo de la mentira un modo de ser que se impone por la condición de represión. Esta historia irreal, tenía no beneficios personales o materiales, sino que estaba destinada a la subsistencia del colectivo y del proyecto de liberación en contra de la Dictadura.

En estos contextos de vida al límite, la significación del partido no solo aparece como una estructura meramente de trabajo político, sino también como un espacio de vida personal en donde las fronteras entre lo partidario y lo íntimo se presentan como líneas difusas, acentuadas por el escenario de la persecución y la muerte. Y en este sentido, tal como plantea Horacio Tarcus, la forma organizativa no solo hay que analizarla en un nivel racional o consciente, sino que involucra un nivel más profundo en un apartado que se ubica en un sustrato más simbólico, inconsciente, imaginario y que opera sobre el anterior espacio68. En la militancia socialista de los primeros años dictatoriales, el miedo, el temor aparecen como hilos conductores de la vida política.

Con este cuadro, se entiende que la alternativa de sostener al partido, se transforma en una decisión vital ¿Este miedo inmoviliza las acciones partidarias? ¿Hay desesperanza frente a las caídas de los compañeros? ¿En qué momento se está consciente del peligro? Partiendo de la base que cada ser humano absorbe y vivencia de manera particular las situaciones extremas, en gran parte de las historias militantes de los socialistas aparece algún tipo de sensación, emoción, síntoma corpóreo, como señal del desbordamiento del espacio racional que significa la actividad política clandestina. Lo que ocurre es que las condiciones para ejercer la militancia están fundidas con experiencias al límite, lo que transfigura esa barrera entre lo personal y lo colectivo, lo racional y lo emocional. Así, por ejemplo, Alfonso Godoy recuerda esos años:

“Uno siempre trabaja con miedo. El miedo conduce a la seguridad. Si no hay miedo no hay seguridad…no saludando a cualquiera, tratando de ser lo más natural posible. El mejor manto para esconder la clandestinidad, es la naturalidad…Yo tuve miedo, pero el miedo no fue superior a mi convicción de participar en algo, y porque no decirlo también mi rabia de lo que había vivido”69.

El reconocimiento de la enorme responsabilidad que pesaba sobre los hombros de los militantes, al momento de realizar eficientemente una tarea en donde corrían no solamente peligro personal, sino que también grupal, fue un peso que tuvieron que cargar durante los largos años dictatoriales. Así lo recuerda Eguerson Vásquez:

“Ir a un lugar, siempre había cierto temor, ir a un lugar era una aventura, podías caer en una emboscaba en una ratonera. Cuando estábamos en reunión en la casa de algún compañero, teníamos una señal de normalidad, visible para afuera…En todo este trabajo clandestino está en juego no solo tu seguridad personal, sino que la de tus compañeros, que se puede traducir en la estructura”70.

El doble trabajo que realizaba Germán Correa, de nombre político, Víctor, como funcionario de Naciones Unidas en Chile, y en paralelo trabajando por la reconstrucción del partido en forma clandestina, creó una situación de evidente cansancio físico y mental, que sólo con el tiempo observó que tenían manifestaciones corporales. Víctor comenta:

“Yo tuve un largo período una especie de asma. De hecho, me acuerdo que, estando el Paris, me levanté en la noche a buscar un remedio, porque había estado toda la noche ahogado. Y eso era absolutamente nervioso. Después en una época me daban ataques de vértigo. Recuerdo que en esa época me fui a hacer exámenes, y no detectaron nada, el médico me dijo que era stress. También las tensiones se me expresaron en dolores musculares”71.

La conciencia de experimentar constantemente situaciones al límite, acompañó durante largos años a los militantes socialistas. Juan Morello recuerda en una ocasión que, acompañado de Alfonso Godoy, transportaron un mimeógrafo en un bolso por las calles de Valparaíso. Comenta que se les ocurrió preguntarle algo a un carabinero como prueba de que habían perdido un poco el miedo, aunque señala que este siempre existió.

Estas situaciones temerosas les permitieron estar alertas en todo momento. Si no había miedo no se estaba atento y disminuía la disciplina, rasgo esencial en la vida clandestina. Ricardo Solari recuerda las modificaciones contantes de las rutinas diarias:

“El miedo te acompaña siempre, el conocimiento de las acciones de la DINA y la CNI, entonces para nosotros eso era muy pesado. No dormíamos bien, nadie dormía con pijama, por ejemplo. Dormíamos en colchones, nadie hacía las camas, no había saco de dormir. El fenómeno del temor te acompaña porque tiene que ver con la operación de la noche, del toque de queda, cada ruido te produce una sensación”72.

Este miedo no es condición exclusiva ni de los socialistas, ni de la izquierda en general. El miedo lo experimentó de manera transversal la sociedad chilena durante los primeros años de la Dictadura y en este sentido, la vivencia de los socialistas era parte de un estado generalizado. Este ambiente, según Alfredo Jocelyn-Holt, ya venía observándose antes del golpe militar de 1973. Había un miedo transversal en la sociedad chilena con la diferencia de que el miedo representado por la represión militar, no tuvo contrapeso. De hecho, no tuvieron escapatoria de esta sensación, tampoco, los simpatizantes de este nuevo orden que se edificó entre otras cosas, por una campaña militar de terror jamás antes vista en la historia de Chile73. Esta campaña tenía como propósito, no solo exterminar al enemigo, sino que imponer un clima de miedo cotidiano, rasgo identitario de los regímenes autoritarios que busca influenciar sobre la vida de los individuos74. Es posible analizar que la diferencia entre esta sensación experimentada por los socialistas y el resto de la sociedad chilena, radicaba en la conciencia muy racionalizada por el ejercicio militante, de que era posible disminuir los riesgos, minimizar los peligros con el fin de evitar las caídas en manos de los aparatos represivos. No obstante, hasta el fin de la Dictadura y posiblemente muy adentrada la década de los noventa, las situaciones que los ponía en alerta se hayan mantenido. Uno de los relatos más complejos, lo ofrece Luz Arce, militante socialista que luego de ser detenida y torturada, trabajó con la DINA en la localización y detención de sus antiguos compañeros de partido. En sus relatos, Luz Arce comenta:

“Todo se agitaba en mi como en un océano. El miedo se realimentaba cada día al ir recibiendo más información del nuevo organismo represivo. No era Investigaciones o la Academia de Guerra Aérea (AGA). Era la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Susurrábamos ese nombre; sin saber mucho aún, temblábamos. Sentía impregnado en las vísceras el ulular de las sirenas, el ruido de los helicópteros sobre las casas. Al escucharlo, apagaba la luz y atisbaba tratando de adivinar qué era lo que estaba ocurriendo, dónde estaba ese puño de acero cuya imagen difundían a través de los canales de televisión y que parecía alzarse amenazante para caer sobre nosotros”75.

En medio de esta sociedad cubierta por el miedo, los espacios para vivenciar otras sensaciones entre la militancia que adquirió un mayor compromiso partidario, eran mínimas. Alejandro Goic recuerda que una de las primeras reacciones frente a la desaparición de un compañero o compañera, no era la tristeza, sino la solución práctica de quien iba a reemplazar al compañero ausente. “No había luto, así de frío”, rememora Goic76. Esto nos lleva a pensar en las consecuencias menos visibles de una generación que creció y se formó bajo este escenario ¿En qué se sustenta la intención de reorganizar un colectivo político tomando en cuenta los enormes riesgos que esto conlleva?

Uno de los primeros elementos observables y necesarios para lograr lo anterior, tiene relación con esta capacidad de resiliencia de los militantes socialistas. Los estudios en psicología han consensuado que se habla de resiliencia cuando existe la: “…capacidad de una persona o de un grupo para desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves”77. Es evidente que uno de los puntales del objetivo alcanzado por esta militancia, la sobrevivencia del partido, se logró mediante esta capacidad individual de gran parte del colectivo socialista. No obstante, existe un segundo componente que se vincula también con sensaciones individuales pero que tienen una conexión grupal y dice relación con la importancia del partido para lograr la democracia y la libertad. El punto de conexión entre esta reestructuración y las luchas continentales del siglo XX, entiéndase el legado histórico de la izquierda en pos de la libertad y la democracia, fueron asumidas como hemos observado por parte de la militancia socialista. No se asumen explícitamente como decisiones racionales, sino más bien actúan como parte del escenario, del clima, del ambiente de lucha en contra del fascismo y de las dictaduras. En este contexto épico y simbólico78, solamente se puede alcanzar el objetivo a través de la unión, de la existencia de un colectivo. El partido entonces, no solo fue la continuación de la militancia efervescente de fines de los sesenta y comienzos de los setenta, no solo fue un espacio de refugio y protección, fue además el vehículo para lograr la derrota de la Dictadura. Alejandro Goic reflexiona sobre la necesidad de reconstruir el partido. La posible explicación no solo es teórica o política, también hay un fuerte sustento emocional que bajo el contexto dictatorial configura también el marco de esta nueva cultura política socialista. Goic señala:

El motor más fuerte es la conquista de la libertad. Prioritariamente, más que el PSCh, más que la revolución, era por tu propia vivencia de ser víctima de una dictadura. Y era lo que te unía, y era una sola la resistencia, eran mínimas las diferencias de la resistencia opositora. Y esa vivencia de ser objeto víctima de represión constante, te unía, generaba unos lazos, pero yo creo que la fuerza del contenido estaba en el sacrificio, en poner tu vida en riesgo, y esa fuerza es tremenda y eso generaba una cofradía inquebrantable con el resto. Y la única vía para derrotar a la dictadura es con la organización, con el partido, con la comunidad que tú has creado79.

Todos los elementos presentados nos indican que más allá de existir en esta primera etapa de la dictadura, una actitud de sobrevivencia de los partidos políticos de izquierda, estos, como en el caso del PSCh desarrollaron una serie de acciones políticas cuyo objetivo fue la protección de sus militantes, sobrevivencia grupal, pero además trabajaron en la implementación de una arquitectura clandestina tendiente a desarrollar una vida política con otros códigos y con otro lenguaje. Prueba de ello es la elaboración casi constante a lo largo de los 17 años del régimen, del diario clandestino Unidad y Lucha, lo que implicó la edición, fabricación y distribución a nivel nacional e internacional. Además, desarrollaron un sistema eficiente de circulación de información hacia el extranjero de manera constante, lo que incluía también la recepción de dinero permanente para la supervivencia de la organización en Chile. Por otra parte, los militantes trabajaron en la reconstrucción del movimiento sindical, del movimiento estudiantil, del movimiento cultural de resistencia, del movimiento feminista y colaboraron en la creación de las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos. Todo este andamiaje fue posible solamente si existía una organización, en precarias condiciones, pero que pudiera dar respuestas visibles a la lucha por la democracia y la libertad.

CONCLUSIONES

A lo largo de este estudio, hemos observado el proceso de reorganización del PSCh desde la instalación de la Junta Militar y caracterizado los elementos presentes en esta nueva cultura política que se generó a partir del proceso de clandestinización del mismo partido. Es posible afirmar, por todos los elementos expuestos, que esta estructura partidaria, por lo menos hasta el período en estudio, 1979, fue un nuevo espacio de sociabilidad nunca antes experimentado al interior de la colectividad, marcado fundamentalmente por la política de persecución y aniquilamiento hacia los partidos de la izquierda chilena. Estos elementos identitarios que dibujan parte de la fisonomía del PSCh, se caracterizaron por al menos tres rasgos.

En primer lugar, aparece como parte de las características de la estructura la precariedad del funcionamiento orgánico. Este elemento, es una de las imágenes más contrastantes en relación al partido antes del golpe de 1973. El PSCh funcionaba como un partido de masas, con una alta adhesión de sectores medios profesionales, era el partido de gobierno y mantenía desde hace varias décadas una regular representación parlamentaria. En definitiva, era uno de los partidos más relevantes de la escena nacional. Todo este panorama cambió abruptamente, lo que dibujó una colectividad que tuvo que rehacerse orgánicamente con rudimentarias herramientas y escasos materiales para conseguir reestructurar la organización. Para que este engranaje surtiera efectos, debió el PSCh ajustar su disciplina, rasgo débil previo al golpe y fundar sus lazos partidarios más que en la convicción ideológica, en vínculos de confianza y cercanía entre la militancia. Lo interesante de observar, es que esta misma colectividad que estaba convertida en pequeños núcleos organizativos, se convirtió en la década de los noventa en uno de los ejes conductores del proceso de transición a la democracia, siendo actor relevante en el diseño y ejecución del mismo proceso. Esto situó al PSCh en un espacio de poder, algo muy distante de sus condiciones materiales de inicios de la dictadura.

Un segundo elemento, tiene relación con las claves para lograr lo anterior. Es decir, cómo se produjo el rescate del partido luego de los profundos golpes sufridos los primeros meses. Una de las pistas para entender este proceso, fue la presencia de los militantes jóvenes y los rasgos identitarios de este sector generacional, los que asumieron las tareas de la reorganización. Entre estos componentes identitarios generacionales, pueden citarse las vivencias por estos sujetos vivenciadas bajo el contexto de fines de los sesenta, la victoria de la UP y la experimentación de la Vía Chilena al Socialismo. La juventud de esta militancia, sumada a la importante participación de militantes de mayor experiencia, trajo consigo el componente motivacional de la rebeldía generacional, del anhelo por la búsqueda de la libertad y de la lucha por la democracia. El arrojo de esta militancia, es un elemento central para entender la perseverancia de sus actos y entender el simbolismo grupal que adquirió el partido; un espacio de pertenencia para una generación marcada por la desintegración de la utopía socialista.

Un último elemento y que se concatena con los anteriores tiene relación con los insumos, las fuentes, los ejemplos utilizados por la militancia para desarrollar un andamiaje organizacional inédito en la vida del socialismo chileno. Como hemos podido observar, existió la rotación y circulación de diferentes fuentes literarias, históricas y fílmicas, que les permitieron a los militantes, no solo socialistas, sino que también comunistas, extraer ejemplos del funcionamiento de la clandestinidad y de todo el arsenal de normativas implícitas que esta nueva vida conllevaba. Esta suerte de marco teórico referencial, situó a la militancia en un espacio histórico de mayor envergadura que los hacía parte de las grandes luchas en contra de los fascismos del siglo XX. No obstante, como hemos observado, también fueron elementos endógenos, aquellos que nacieron desde la creatividad, el ingenio y la actitud resiliente de la militancia, los que operaron al momento de la resolución de los problemas cotidianos. Si bien el primer elemento, los insumos exógenos, edificaron un imaginario de resistencia que enriqueció la motivación de la joven militancia, fue finalmente el ensayo y error, la certera lectura del accionar represivo, la importante labor de recopilación de información y el procesamiento de ella, los elementos de mayor peso a la hora de explicar el exitoso andamiaje organizacional del PSCh. Planteamos el concepto de exitoso en la medida que la disposición de la Dictadura de Pinochet fue la eliminación del accionar de los partidos políticos y como bien observamos, estos, incluyendo al PSCh, desarrollaron una nueva forma organizativa, concibieron nuevas maneras de ser militante y estructuraron un lenguaje político original en el historial del socialismo chileno, todos elementos que quedaron en el imaginario de la resistencia en contra de la represión y el que permitió en definitiva la permanencia histórica del PSCh.

REFERENCIAS

1La Dictadura de Augusto Pinochet dictaminó el Decreto Ley N°77 de octubre de 1973, que declaraba ilícitos y disueltos los partidos políticos con adscripción marxista, lo que dejaba fuera de la ley entre otros al Partido Socialista de Chile. El Decreto Ley N°1697 de marzo de 1977, amplio la restricción a todas las organizaciones políticas y además confiscó los bienes que poseían.

2Según los datos de la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación (1996) sobre detenidos desaparecidos y ejecutados políticos, el partido que mayor cantidad de víctimas sufrió, fue el PSCh con 482 militantes. La Comisión Valech (2005) por su parte, en su informe sobre Prisión Política y Tortura, determinó que la mayor cantidad de militantes correspondió al mismo PSCh con 6.065 casos.

3Entre los balances que se pueden realizar en torno al estado del arte sobre los partidos y organizaciones políticas en dictadura, existe una inclinación amplia al estudio del MIR, del PCCh, del FPMR y en un segundo nivel hacia el PSCh, sobre todo en relación a la fragmentación política. Todavía quedan zonas poco exploradas en relación a la vida militante del MAPU durante la dictadura. Algunos acercamientos importantes lo han realizado; Cristina Moyano, El MAPU durante la dictadura. Saberes y prácticas para una microhistoria de la renovación socialista en Chile. 1973-1989 (Santiago: Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2010) Esteban Teo Valenzuela, Dios, Marx y el Mapu (Santiago: LOM ediciones, 2014), Nicolás Acevedo Arriaza, Mapu-Lautaro (Concepción: Ediciones Escaparate, 2014) De los mencionados anteriormente, el estudio que se acerca a nuestra propuesta, es el de Esteban Valenzuela, quien analiza en uno de los capítulos el proceso de clandestinización del MAPU para el período en estudio.

4Robinson Silva Hidalgo, Resistentes y clandestinos. La violencia política del MIR en la dictadura profunda. 1978-1982 (Concepción: Escaparate, 2011), 93.

5Dado el contexto de protestas masivas de los años ochenta, diversos sectores de la Juventud Socialista diseñaron estrategias de acompañamiento de las acciones armadas protagonizadas por el movimiento social. La estructura más reconocible en este diseño, fue la creación de los Destacamentos Populares 5 de Abril, quienes desarrollaron una política de rebelión popular a partir de 1986.

6Rolando Álvarez Vallejos, Desde las sombras. Una historia de la clandestinidad comunista (1973-1980) (Santiago: LOM ediciones, 2003), 90. Del mismo autor, Rolando Álvarez Vallejos, «Clandestinos 1973-1990. Entre prohibiciones públicas y resistencias privadas», en Historia de la vida privada en Chile. El Chile contemporáneo. De 1925 a nuestros días, Rafael Sagredo y Cristián Gazmuri (Santiago: Taurus, 2015), 256-289; Rolando Álvarez Vallejos, Arriba los pobres del mundo. Cultura e identidad política del Partido Comunista de Chile entre democracia y dictadura. 1965-1990 (Santiago: LOM ediciones, 2011).

7Estudios y trabajos que tratan sobre el PSCh durante la dictadura, o comentan parcialmente su funcionamiento durante el período, Juan Azócar Valdés, Prometamos jamás desertar. Apuntes para un memorial de la militancia socialista en la resistencia (Santiago: Memoria & Futuro, 2007); Juan Azócar Valdés, Lorca. Vida de un socialista ejemplar (Santiago: Ediciones Radio Universidad de Chile, 2015); Luis Corvalán Márquez, Del anticapitalismo al neoliberalismo en Chile. Izquierda, centro y derecha en la lucha entre los proyectos globales. 1950-2000 (Valparaíso: Editorial América en Movimiento, 2018); Eduardo Gutiérrez, Ciudad en las sombras, una historia no oficial del PS. (Santiago: Colección memoria histórica, 2003); Ricardo Núñez M., El gran desencuentro. Una mirada al socialismo chileno, la Unidad Popular y Salvador Allende (Santiago: FCE, 2017); Edison Ortiz, El Socialismo Chileno, de Allende a Bachelet, (1973-2005) (Santiago: FIADELSO-PLA, 2007); Cristián Pérez, La vida con otro nombre. El Partido Socialista en la clandestinidad (1973-1979) (Santiago: Catalonia, 2021); Patricia Politzer, Altamirano (Santiago: Ediciones B, 1990); Benny Pollack y Hernán Rosenkranz, Revolucionary Social Democracy. The Chilean Socialist Party (London: Palgrave Macmillan, 1986); Mauricio Rojas Casimiro, La renovación de la izquierda chilena durante la dictadura (Santiago: Piso Diez Ediciones, 2017); Gabriel Salazar, Conversaciones con Carlos Altamirano. Memorias críticas (Santiago: Random House Mondadori, 2010); Ricardo Yocelevzky, Chile: Partidos políticos, democracia y dictadura. 1970-1990 (Santiago: FCE, 2002); Alejandro Witker, Historia documental del PSCH. 1933-1993 (Santiago: IELCO, 1993); Ignacio Walker, Socialismo y democracia. Chile y Europa en perspectiva comparada (Santiago: CIEPLAN-HACHETTE, 1990); Anna M. Blasco Rovira y Vladimir Sierpe, «Militantismo y resistencia socialista chilena entre 1973 y 1975: Historia de un sacrificio», Revista de Historia Social y de las Mentalidades 19, nº 1 (2015): 107-128; Carmelo Furci, «The Crisis of the Chilean Socialist Party (PSCh) in 1979», ISA Working Papers, n° 11 Universtiy of London (1984): 1-32; Víctor Muñoz Tamayo, «Militancia, facciones y juventud en el Partido Socialista Almeyda (1979-1990)», Izquierdas, n° 37 diciembre (2017): 226-260; Benny Pollack, «The Chilean Socialist Party: Prolegomena to Its Ideology and Organization», Journal of Latin American Studies 10, n° 1 (1978): 117-152; Ricardo Yocelevsky, «El Partido Socialista de Chile bajo la dictadura militar», Foro Internacional XXVII, n° 105 México (1986): 102-131.

8En una carta de Exequiel Ponce a los socialistas en el exterior, el máximo líder en la clandestinidad comenta; “Cuatro miembros de la Dirección fueron fusilados (Arnoldo Camú, Eduardo Paredes, Arsenio Poupin y Luis Norambuena); siete u ocho arrestados, algunos de los cuales lo deben estar pasando muy mal (Uldaricio Figueroa y Tito Martínez, brutalmente torturados, Clodomiro, enfermo y en Isla Dawson), algunos otros perdidos; direcciones completas fusiladas (como en el Norte Grande): el Partido muy golpeados en las Provincias; nuestros dirigentes sindicales despedidos; razia en las universidades y en la salud, y una purga a fondo en la administración pública y el magisterio” En, Azócar, Prometamos jamás desertar. Apuntes para un memorial de la militancia socialista en la resistencia…, 161.

9Uno de los procesos más complejos que les tocó vivir al PSCh junto con la persecución, fue el camino de la división y el fraccionalismo. En este estudio, nos enfocaremos en identificar los elementos de la cultura clandestina presentes en los que se denominó el PSCh Almeyda, por ser el de mayor representatividad entre la militancia en Chile. En torno al proceso de división en el PSCh ver; Ricardo Gamboa y Rodrigo Salcedo, «El faccionalismo en el Partido Socialista de Chile (1990-2016): Características y efectos políticos en sus procesos de toma de decisión», Revista de Ciencia Política, n° 3 (2009): 667-692; Víctor Muñoz Tamayo, «El Partido Socialista de Chile y la presente cultura de facciones Un enfoque histórico generacional (1973-2015)», Izquierdas, nº 26 enero (2016): 218-255; Mauricio Rojas Casimiro, «El faccionalismo en el Partido Socialista de Chile durante los años ochenta», Izquierdas n° 49 septiembre (2020): 4759-4792; Víctor Muñoz Tamayo y Joaquín Fernández Abara, «La Coordinadora Nacional de Regionales (CNR) del Partido Socialista de Chile. Antecedentes y trayectorias de una militancia clandestina en la primera etapa de la dictadura (1973-1981)», Izquierdas, n° 51 mayo (2022): 1-39.

10Cristián Pérez, menciona que también integraron en distintas tareas esta tercera dirección; Albino Barra, Eduardo Charme, Gerardo Espinoza, Luis Espinoza, Silvio Espinoza, Sergio García, Vicente García, Augusto Jiménez, Luis Jiménez, Luis Maluenda, Ramón Montes, Andrés Ramírez y Akin Soto. En; Pérez, La vida con otro nombre. El Partido Socialista en la clandestinidad (1973-1979)…

11El corpus de fuentes orales está constituido por 20 entrevistas. En la mayoría de los casos, aparecen los nombres reales junto a sus nombres políticos, escritos en cursiva. La muestra recogió militantes nacionales de la primera dirección clandestina (Rolando Calderón) de la segunda dirección clandestina (Juan Carvajal y Carlos González Anjarí) y de la tercera dirección clandestina (Germán Correa, Raúl Díaz, Eduardo Gutiérrez y Ricardo Solari) Junto con los anteriores testimonios, recogimos las vivencias de un grupo de militantes que trabajó con estas direcciones en distintas tareas (Alejandro Goic, Alberto Luengo, César Yáñez, Rafael Urrejola, Gustavo Ogalde, Jaime Pérez de Arce, Nicolás Pérez) Además se buscó el testimonio de dirigentes y militantes de regiones como fue el caso de Rafael Almarza, Juan Morello, Alfonso Godoy, Ida Muñoz y Graciela Jiménez para la zona de Valparaíso. Y de Eguerson Vásquez y Francisco Zambrano para Concepción.

12En uno de los primeros trabajos sobre la oposición política al gobierno de Pinochet, el sociólogo señala que inicialmente, los partidos políticos de izquierda se preocuparon casi exclusivamente de la sobrevivencia y dejaron sus mínimas acciones en el espacio de la labor social y cultural, más que política. Como veremos a lo largo de este trabajo, es posible afirmar que la sobrevivencia no fue la única acción, si se entiende por ésta la tarea de resguardar a los militantes perseguidos. Por el contrario, el partido, diezmado y debilitado, sí desarrolló un cierto tipo de ejercicio político. Referencias sobre el autor citado en Manuel Antonio Garretón, «La oposición política al régimen militar chileno. Un proceso de aprendizaje», Documento de Trabajo, FLACSO-Chile, n° 377 (1988): 7-10.

13James C. Scott, Los dominados y el arte de la resistencia (País Vasco: Ediciones Txalaparta, 2003), 278.

14Ver Ortiz, El Socialismo Chileno, de Allende a Bachelet, (1973-2005)…, 232. Y también Pérez, La vida con otro nombre. El Partido Socialista en la clandestinidad (1973-1979)…, 39.

15Tomamos las ideas centrales sobre cultura política de la historiadora Cristina Moyano, quien también recoge elementos de Norbert Lechnner. Ver Moyano, El MAPU durante la dictadura. Saberes y prácticas políticas para una microhistoria de la renovación socialista en Chile 1973-1989...

16Scott, Los dominados y el arte de la resistencia…, 45.

17Ibídem, 47.

18Frédéric Sawicki, «Para una sociología de los entornos y las redes partidistas», Revista de Sociología, n° 25 (2011): 37-53.

19María Florencia Osuna, menciona, por ejemplo, que varios militantes de organizaciones de la izquierda argentina buscaron referencias literarias para emular situaciones de lucha en contra de la represión, tal fue el caso del libro de Gilles Perrault La orquesta roja, relato que narra la experiencia de la red de espionaje clandestino soviético en contra de la Alemania Nazi. Este ejemplo es referenciado también por Anna Blasco Rovira y Vladimir Sierpe en su investigación sobre la clandestinidad del PS de Chile. Ver; María Florencia Osuna De la Revolución socialista a la revolución democrática. Las prácticas políticas del Partido Socialista de los Trabajadores/Movimiento al Socialismo durante la última dictadura (1976-1983) (La Plata; Posadas: Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación; Universidad Nacional de Misiones, 2015); Blasco y Sierpe, «Militantismo y resistencia socialista chilena entre 1973 y 1975: Historia de un sacrificio», 107-128.

20El libro de Fucik también fue traducido como Reportaje al pie de la horca, y fue publicado por la editorial Quimantú en Chile en 1972, por lo que se entiende que facilitó aún más su lectura en nuestro país.

21Gustavo Ogalde, entrevista con el autor (video llamada) 3 de septiembre de 2021.

22Germán Correa, entrevista con el autor (video llamada) 19 de agosto de 2021.

23Carlos González Anjarí, entrevista con el autor (video llamada) 9 de abril de 2022.

24«Informe de Organización. Aprobado en el Pleno Nacional de abril y presentado al Pleno Nacional del Frente Interno» (1971), 2. Documento. Partido Socialista de Chile, acceso el 24 de julio de 2022, www.socialismo-chileno.org.

25«Informe de la Comisión Política al Pleno del Comité Central de la Juventud Socialista» (1972). Documento. Partido Socialista de Chile, acceso el 28 de julio de 2022, www.socialismo-chileno.org.

26Los distintos trabajos de Rolando Álvarez sobre el PCCh durante la dictadura, como los testimonios de los militantes socialistas, coinciden en diferenciar grados de disciplina al interior de las colectividades. En sus memorias, el reconocido Secretario General del PCCh, Luis Corvalán, reconocía la temible Comisión de Control y Cuadros, ente que velaba por el cumplimiento, no siempre objetivo, de las normas del ser comunista. Comisión que actuaba, como recuerda el mismo Corvalán, como si el partido fuera un monasterio, y la Comisión de Control y Cuadros, el Santo Oficio. Sobre lo anterior ver; Luis Corvalán, De lo vivido y lo peleadoMemorias (Santiago: LOM ediciones, 1997). No obstante, el principio de rigurosidad, fue central para permitir la sobrevivencia de ambas colectividades, sobre todo a partir de mediados de los setenta. En torno a este tema ver; María Matilde Ollier, La creencia y la pasión. Privado, público y político en la izquierda revolucionaria (Argentina: Ariel, 1998).

27Rolando Calderón, testimonio escrito entregado al autor, Julio de 2022.

28César Yáñez, entrevista con el autor, Viña del Mar, 11 de abril 2022.

29Gustavo Ogalde, entrevista con el autor (video llamada), 3 de septiembre de 2021.

30Alejandro Goic, entrevista con el autor, Santiago, 21 de mayo de 2022. La imagen de precariedad del trabajo militante, frente a la inmensidad del poderío del estado represor, es fácil de encontrar también en otras experiencias de reestructuración clandestina. El Partido Comunista Español, sufrió la persecución del estado franquista, y las experiencias de reorganización son muy similares al caso del PSCh, el historiador Carlos Fernández Rodríguez comenta: “Las primeras reorganizaciones clandestinas del PCE en Madrid se llevaron a cabo de manera espontánea, concentrando los esfuerzos en enlazar a quienes habían esquivado la muerte y la cárcel con el fin de determinar que podía quedar aún del partido. Tenían como principal misión la de reclutar nuevos miembros y extender en la medida de lo posible la militancia comunista. La mayor limitación procedía obviamente de su condición de pequeñas agrupaciones y comités clandestinos sin ninguna estructura política dada la precipitada huida o detención de la mayoría de los dirigentes y cuadros políticos. Durante mucho tiempo las direcciones del PCE se articulaban y organizaban en las calles de Madrid y eran disueltas en la Puerta del Sol, en el edificio de la Dirección General de Seguridad, víctimas de múltiples detenciones, que obligaron a los grupos clandestinos a realizar un ejercicio de oposición limitada y dispersa”. En Carlos Fernández Rodríguez, «Madrid, ciudad clandestina», Cuadernos de Historia Contemporánea, n° 24 (2004): 127-142.

31Eduardo Gutiérrez, entrevista con el autor (video llamada), 11 de agosto de 2021

32Eguerson Vásquez, entrevista con el autor, Concepción, 11 de noviembre de 2021.

33Germán Correa, entrevista con el autor (video llamada) 19 de agosto de 2021.

34Raúl Díaz, entrevista con el autor, Santiago. 20 de septiembre de 2021.

35Ida Muñoz, entrevista con el autor (video llamada) 20 de agosto de 2021.

36Goic, entrevista.

37Alfonso Godoy, entrevista con el autor (video llamada), 7 de octubre 2021. Paddy Ahumada, era uno de los principales dirigentes del Regional Valparaíso y estaba resguardado en una zona rural en el interior de Valparaíso.

38Rafael Almarza, entrevista con el autor, Valparaíso. 28 de octubre de 2021.

39Graciela Jiménez, entrevista con el autor, Viña del Mar. 14 de abril de 2022.

40Juan Morello Peralta, entrevista con el autor (video llamada) 19 de octubre 2021 y Buenos Aires, Argentina, 26 de febrero 2022.

41Rafael Urrejola, entrevista con el autor, Casablanca, 6 de julio de 2022. Francisco Mouat, Pancho, fue un militante socialista que trabajó en los equipos de colaboración de las direcciones clandestinas en Chile. En 1978 sale clandestino de Chile, pasando por varios países, entre ellos Perú, para recalar finalmente en la RDA, desde donde colabora con la Dirección Clandestina en Chile.

42Jiménez, entrevista.

43Gabriela Bravo Chiappe y Cristián González Farfán, Ecos del tiempo subterráneo. Las peñas en Santiago durante el régimen militar (1973-1983) (Santiago: LOM Ediciones, 2009).

44Es conocido el relato de los prisioneros relegados en campos de concentración y en las cárceles durante el período, la realización de actos culturales, en donde se desarrollaban expresiones musicales, teatrales y poéticas, entre otras.

45Ricardo Solari, entrevista con el autor. Santiago, 20 de enero de 2022.

46En julio de 1978, los socialistas lograron reorganizarse sindicalmente realizando un espacio de trabajo por cerca de un mes que reunió a más de un centenar de dirigentes. “Primera Conferencia Nacional Sindical Clandestina”, Julio de 1978. Partido Socialista.

47Edward Palmer Thompson, «Patrician Society, Plebeian Culture», Journal of Social History 7, n°4 (1974): 382-405.

48Solari, entrevista.

49Alberto Luengo, entrevista con el autor (video llamada), 2 de noviembre 2021.

50Para categorizar a este rango etario, utilizaremos los parámetros que establecen las Naciones Unidas, que comprende las edades entre 15 y 24 años, límite más o menos similar en que las personas están terminando sus estudios universitarios. Este cruce entre el mundo universitario y el mundo juvenil, es central en el contexto político en el que se va a nutrir la nueva militancia socialista durante el período. Volveremos sobre este punto más adelante.

51De este grupo el más joven al momento del golpe es Ricardo Lagos Salinas con 22 años y el mayor es Carlos Lorca con 28. Junto con ellos, existieron una serie de colaboradores y ayudistas de estas primeras direcciones clandestinas que operó entre 1973 y 1975 y que pertenecían generacionalmente a un mismo rango etario. Varios de estos jóvenes militantes, pertenecían al Instituto Nacional, y en esos años de estudio, habían forjado amistad y compromiso militante.

52Correa, entrevista.

53Leonardo González, entrevista con el autor (video llamada), 16 de septiembre de 2021.

54Almarza, entrevista.

55En un interesante compendio de la composición social de la militancia socialista, Edison Ortiz recoge de distintas fuentes, el origen laboral de la militancia socialista en distintos momentos. Durante la etapa fundacional, por ejemplo, las 4 primeras ocupaciones profesionales encontramos a; profesores, contadores, médicos y abogados. Las ocupaciones de los secretarios generales de la colectividad, desde su fundación en 1933 hasta la fecha del golpe en 1973, habían sido médicos, comodoros del aire, abogados, ingenieros químicos y profesor universitario. Sólo uno de ellos era dirigente sindical, Bernardo Ibáñez. Para finalizar con esta argumentación, el mismo Edison Ortiz comenta que la composición de los líderes del socialismo después del quiebre de 1979, continua con los mismos rasgos previos al 11, “es decir, hombres provenientes de profesiones liberales”. En concreto, la composición de los militantes que colaboraron de distintas maneras a la reestructuración del partido, como aquellos que asumieron rasgos dirigenciales en la clandestinidad, tuvo una línea de continuidad con el socialismo previo a septiembre de 1973. Ortiz, El Socialismo Chileno, de Allende a Bachelet, (1973-2005)…

56Ida Muñoz, entrevista con el autor (video llamada), 20 de agosto de 2021.

57Jaime Pérez de Arce, entrevista con el autor (video llamada), 29 de septiembre 2021.

58José María Faraldo, comenta para el caso del estudio de las resistencias europeas del período de la Segunda Guerra Mundial, que uno de los rasgos identitarios de estas orgánicas, es precisamente el componente generacional. Señala; “Y he aquí otra de las características principales de la resistencia y que explica en parte su origen: la juventud de sus integrantes. Si todas las resistencias tenían dirigentes o ideólogos relativamente mayores, si el símbolo político de muchos movimientos podía ser un anciano rey o un general pensionado, el caso es que sus miembros más activos fueron siempre muy jóvenes”. En José María Faraldo, La Europa Clandestina. Resistencia a las ocupaciones nazi y soviética. 1938-1948 (España: Alianza Editorial, 2011), 57.

59Godoy, entrevista.

60Vásquez, entrevista.

61En el Centro de Estudios Vector participaron además de Germán Correa otros socialistas como Ricardo Lagos Escobar, Ricardo Núñez, Adriana Muñoz, Marcelo Schilling, Manuel Barrera y Eduardo Trabucco. Las publicaciones que el centro de estudio realizaba eran públicas y de acceso abierto.

62Cecilia González, entrevista con el autor, 16 de diciembre de 2022, Valparaíso.

63Vásquez, entrevista.

64Zambrano, entrevista.

65Donatella Della Porta, «Las motivaciones individuales en las organizaciones políticas clandestinas», En Los movimientos sociales: transformaciones políticas y cambio cultural, ed. por Benjamín Tejerina y Pedro Ibarra (España: Editorial Trotta, 1998), 211.

66Pérez de Arce, entrevista.

67Maggy Le Saux, «Aspectos psicológicos de la militancia de izquierda en Chile desde 1973», Proposiciones, n° 12 (1986): 79-93.

68Horacio Tarcus, «La secta política. Ensayo acerca de la pervivencia de lo sagrado en la modernidad», El Rodaballo, año V, n° 9 (1998/1999): 13-33.

69Godoy, entrevista.

70Vásquez, entrevista.

71Correa, entrevista.

72Solari, entrevista.

73Alfredo Jocelyn-Holt, El Chile perplejo. Del avanzar sin transar al transar sin parar (Santiago: Penguin Random House Grupo Editorial, 2021), 221.

74Marc Crépon, La cultura del miedo I. Democracia, identidad, seguridad (Santiago: LOM ediciones, 2019). El autor enfatiza en esta idea señalando; “El miedo afecta a todos a los que toca singularmente y aisladamente. Replegándose cada uno sobre sí mismo, el miedo divide, fracciona, al infinito, el terror. Es por esta razón que el miedo constituye el apoyo más infalible, más temible, de todos los déspotas, dictadores y otros tiranos”, 12.

75Luz Arce, El infierno (Santiago: Tajamar Editores, 2017), 47.

76Goic, entrevista.

77Michel Mancieaux, comp., La resiliencia: resistir y rehacerse (España: Editorial Gedisa, 2010), 22. Uno de los estudiosos que más ha difundido el concepto es el siquiatra y neurólogo francés, Boris Cyrulnik, quien, de niño debió sortear la persecución nazi en contra de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

78Esta epopeya de lucha en contra del fascismo, no sólo fue una idea de los socialistas chilenos que se quedaron en el interior, más bien creemos que fue una noción muy fuertemente difundida entre la izquierda europea, quienes contribuyeron a crear la imagen de la causa chilena, que era la lucha en contra de la dictadura de Pinochet. Existe un catastro muy interesante de afiches realizados en Francia y Suecia por comités de ayudas hacia la Resistencia Chilena. “L’armee chilienne est une armee d’occupation. Resistance Populaire. Mouviment de la Jeunesse Socialiste” (El ejército chileno es un ejército de ocupación. Resistencia Popular. Movimiento de jóvenes socialistas-Francia 1983) “Chile. 1 miljon till motstandsrörelsen!” (Chile. 1 millón al movimiento de resistencia. Comité Chileno-Suecia) ver http://www.archivomuseodelamemoria.cl; http://www.solidaridadconchile.org; http://www.chile.exilio.free.fr.

79Goic, entrevista.

* Este estudio forma parte de una investigación de tesis desarrollada en el programa de doctorado en Historia de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, y cuenta con el apoyo de la Beca de Doctorado Nacional ANID, programa de formación de capital humano avanzado N° 21190355. Agradezco a los entrevistados y las entrevistadas por entregar su testimonio para el desarrollo de la investigación.

Recibido: Septiembre de 2022; Aprobado: Marzo de 2023

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