Recuperado de Semanario Claridad y de Nueva Pensamiento Crítico

Presentación en el Colegio de Abogadas y Abogados de Puerto Rico 3 de diciembre de 2025. El libro esta a la venta en la CLARITIENDA
La historia de un machetero: la reconciliación nacional como instrumento descolonizador
diciembre 16, 2025
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Permítanme antes de cualquier cosa agradecer a los organizadores y organizadoras de esta actividad el haberme invitado a presentar esta noche una reflexión sobre esta obra que recién ve la luz pública. Es para mí un verdadero privilegio porque la obra es producto de dos puertorriqueños que desde diferentes vertientes han contribuido a la cultura política de nuestro país. Julio Fontanet muy al principio del libro nos cuenta de la incuestionable realidad de que todo libro tiene siempre -cuando menos- un contexto, pero a menudo todo libro tiene muchos contextos. Hay contextos propios relacionados con la tarea de cómo concebir y escribir un libro en Puerto Rico, lo cual es siempre algo cuesta arriba y que requiere del mayor de los compromisos y empeño para finalizarlo.
Están también los contextos que, a decir del gran filósofo Immanuel Kant, provienen de la cronología y de la corología, es decir, del tiempo y la localidad misma de lo que se escribe o se narra, cómo lo es en este caso particular al tratarse de un libro de entrevistas. En este libro la dimensión cronológica del contexto nos obliga a situarnos en las postrimerías de la Guerra Fría y la localidad nos ubica necesariamente en la región caribeña y latinoamericana, en la que los avatares del devenir político mundial tuvieron unas incidencias muy particulares que se concretaron en formas de luchas de resistencias, de liberación nacional como también en luchas de carácter revolucionarias. Se me antoja pensar que no podemos entender cabalmente este libro sino lo imbricamos en ciertos procesos mundiales que arrojan mucha claridad y precisión sobre la trama de los diálogos que contiene. Así que permítanme explicar un tanto la relación de este libro con importantes conexiones políticas e históricas. Aunque no lo parezca a primera vista, este libro está históricamente relacionado con las repercusiones de lo que la entonces recién creada Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableciera como parte de sus objetivos fundamentales en el año 1945.
La aspiración de eliminar las causas más profundas de las guerras europeas y sus repercusiones mundiales se concretó finalmente en la decisión de la ONU de impulsar un abarcador proceso de descolonización mundial. Por supuesto que eso solo era posible a través del desmantelamiento de los imperios colonialistas. Esa decisión fue nutrida e impulsada en gran medida por el ambiente de frustración generalizada que prevaleció debido al desastroso final que tuvo la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo fue posible una tan arrojada decisión? Llegar a un tal convencimiento no fue fácil y guarda además un vínculo muy estrecho con este libro que presentamos hoy. La imagen fresca en la memoria colectiva mundial por la pérdida irremplazable de millones de vidas en dos guerras mundiales y una destrucción general sin paralelos -incluyendo la detonación fatal de dos bombas de destrucción masiva en 1945- crearon las condiciones que justificaron tratar de ir a la raíz misma de las causas responsables de la situación de guerras intestinas europeas de implicaciones mundiales.
Era ineludible concluir que para finalmente aspirar a acabar con las guerras intestinas europeas había que apuntar a la responsabilidad histórica en esta trama de un sistema-mundo dominado por un grupo de potencias industriales (a decir de Wallerstein) en una competencia continua, rapaz y agresiva por materias primas que no tenían. Así se produjo el reparto del mundo y se consolidó el sistema imperial-colonialista. Así surge el colonialismo contemporáneo que es en alguna medida uno de los elementos protagónicos de este libro de diálogos entre Julio Fontanet y Juan Segarra Palmer.
Las materias primas fueron las que a última instancia impulsaron maquinarias de guerra y destrucción, pero también de miserias humanas inventadas como el racismo, la xenofobia, la ausencia de justicia social, las desigualdades y por su puesto el propio colonialismo. El desmantelamiento del sistema imperialista-colonialista era una decisión esencial para lograr un mundo diferente donde la idea de la paz tuviera una oportunidad real. Ese sistema imperialista-colonialista comenzó a derrumbarse en la Primera Guerra Mundial con la derrota y disolución del imperio Otomano. En la posguerra de 1945 fue relativamente fácil desmantelar el imperialismo-colonialista en Italia, Japón, Alemania, Portugal y España porque precisamente no figuraban entre las potencias vencedoras. Lo más difícil ha sido la ruptura imperial-colonial del Reino Unido, de Francia y de los propios Estados Unidos que se ha negado, por razones de haber sido una colonia, a reconocerse a sí mismo como un Estado poseedor de colonias. De ahí que los Estados Unidos hayan eufemísticamente llamado “territorios” a sus colonias.
Realmente durante los últimos ochenta años se logró avanzar mucho en ese objetivo de la descolonización y para muestra un botón basta. En el 1945 a penas 51 Estados fueron los miembros fundadores de la ONU y hoy día la membresía de la sucesora de la Sociedad de las Naciones tiene 193 miembros de pleno derecho. La inmensa mayoría de esos Estados que se fueron integrando a la comunidad de naciones soberanas en los últimos 80 años fueron precisamente antiguas colonias que se independizaron bajo el llamado mundial de la ONU para la descolonización. Por su puesto que estos procesos de descolonización no estuvieron siempre exentos de conflictos y guerras por las multiformes resistencias de los imperios-colonialistas, pero eso es harina de otro costal.
En general, las luchas políticas de la segunda mitad del siglo XX llevaron al continente latinoamericano y caribeño a una situación muy sui generis. Las terribles dictaduras represivas y antidemocráticas que florecieron por todos lados en nuestra región jugaron un rol fundamental en preservar el ordenamiento colonial y neocolonial y cancelaron además cualquier posibilidad de lograr que se consolidaran procesos políticos para garantizar los más básicos derechos civiles y humanos en sociedades democráticas.
El Caribe y la América Latina vivieron en un espectro político de extremos polarizados representado por las dictaduras, por un lado, y la proliferación de movimientos armados y clandestinos que luchaban en contra de la represión y por la democracia, por el otro. No fueron pocos los movimientos y partidos políticos de la región que se radicalizaron, ante la cruda realidad política prevaleciente. Así, nuestra región se caracterizó por un clima de conflictos armados y guerras civiles que sin duda se amplificaron con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y su poderosa resonancia por todo el continente. Puerto Rico no fue una excepción. En la isla se vivía un deterioro acelerado de la democracia (el fraude electoral colosal de 1980 fue clave como dice Segarra Palmer en durante una de las entrevistas) y una represión política brutal incluyendo el vil asesinato político. Muchos de los cuales desgraciadamente hoy permanecen sin resolverse ni adjudicación de responsables. Es ese uno de múltiples aspectos por los cuales este libro resulta ser muy importante al recoger valiosos contenidos de esa época de la que lamentablemente se ha investigado rigurosamente muy poco.
En Puerto Rico desgraciadamente, vivimos mayormente en una realidad descontextualizada y desconectada de lo que ocurre en nuestra región y en otras partes del mundo en una suerte de jaula geopolítica.
El movimiento clandestino y armado del Ejército Popular Boricua “Los Macheteros” fue parte de esa realidad latinoamericana y caribeña que hemos descrito anteriormente.
Pero más allá de eso, trabajos de investigación y reflexión como las entrevistas que se recogen en este libro son los espacios que nos ayudan a intelectualmente convencernos, por ejemplo, de la falsedad del mito del colonialismo de excepción que impera en Puerto Rico ejemplificado en su máxima expresión mitológica: el mal llamado “problema del estatus”. Me disculpan, pero en Puerto Rico no existe ningún problema de estatus, en Puerto Rico existe un problema de colonial. El mal llamado problema del estatus es una ficción que debe ser superada. La visión intelectual sobre el tema de la descolonización que expone Juan Segarra Palmer en este libro derrota tal concepción reiteradamente en diferentes momentos de sus diálogos con Julio Fontanet. A propósito debo destacar que el jurista Fontanet se devela a lo largo del libro como un gran entrevistador, sagaz y con sólidos conocimientos históricos sobre su entrevistado y su razonar político. De hecho, es también pertinente hacer referencia al calificativo de “Los Macheteros” que fue una aportación muy pertinente que Juan Segarra Palmer legó a la organización en conexión histórica con luchas que se produjeron a principios de siglo XX en contra de la ocupación estadounidense y de las cuales se sabe también muy poco.
El fenómeno político de Los Macheteros no surge como una realidad criolla producto de circunstancias sui generis. Los Macheteros fueron parte integral de una dimensión política latinoamericana y caribeña de luchas armadas y clandestinas que en un momento dado arroparon prácticamente todo el continente desde México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador, hasta Chile, Uruguay y Argentina. Por supuesto que Los Macheteros fueron también herederos de la agenda descolonizadora inconclusa de las Naciones Unidas al Puerto Rico haber quedado atrapado en esa situación que hoy nos golpea con más claridad y contundencia que nunca. Cuando uno lee las páginas de este libro y escucha la conversación entre el entrevistado y el entrevistador no nos queda duda de esa realidad.
De hecho, es indudable el peso que tuvo la dimensión latinoamericana en el desarrollo de la personalidad y conciencia política de Juan Segarra Palmer mediante la decisiva y trasformadora experiencia que vivió en Cuernavaca, México, desde su primera visita. Allí no solo conoció la efervescencia del palpitar político latinoamericano, sino que también pudo conocer la opulencia de la oligarquía mexicana y cómo esos sectores oligárquicos allí -y en la mayoría de los países de la región- han oprimido y discriminado al campesinado y a los pueblos originarios a través de un servilismo abyecto y racista. México fue para el entrevistado una suerte de gran choque cultural de múltiples significados que nos brindan pistas importantes de su proceder político posterior.
Este libro está muy bien estructurado. La lógica secuencial es muy sencilla pero inevitable para poder entender a cabalidad el desarrollo de la personalidad de Juan Segarra Palmer y qué circunstancias obraron en su desarrollo intelectual que le permitieron ir creando un nivel de conciencia social que era ciertamente muy atípico considerando su extracción de clase social. Esta parte de la biografía temprana de Juan es muy reveladora, no porque no la conociéramos, sino porque es narrada por el propio entrevistado con una extraordinaria claridad y contundencia. Esos párrafos nos llevan a recordar aquel famoso “dictum” de Carlos Marx (quizás uno de los más lúcidos de la historia de la ciencias sociales) en el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte donde dice y citamos libremente: “los seres humanos hacen su propia historia, pero no en condiciones elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias con las que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado”[1]. La personalidad de Juan Segarra Palmer se desarrolla así en diferentes circunstancias que lo fueron exponiendo a diversas realidades que en ocasiones chocaban con su profunda sensibilidad humana de la que nunca en su devenir como militante se pudo deshacer del todo y que lo llevó incluso a grandes dilemas en su accionar político.
El proceso educativo de Juan fue muy relevante pasando desde muy niño por instituciones elites en el Condado hasta llegar a la prestigiosa Universidad de Harvard, luego de haber tenido una formación académica preuniversitaria impecable en una de las más antiguas y prestigiosas escuelas de varones de los Estados Unidos conocidos como “Prep Schools”. Vale la pena destacar que él mismo seleccionó esa institución y convenció a sus padres que lo enviaran allí a la “Phillips Academy” en el poblado de Andover, Massachusetts.
Ya al llegar a Harvard su cabeza estaba inquieta y repleta de preguntas y cuestionamientos sin respuestas que lo llevaron a razonar sobre la manera más efectiva en la que él podría hacer una contribución a la lucha por la descolonización e independencia de su país atrapado en el colonialismo. Entre luchas estudiantiles y protestas emerge la radical idea de la lucha clandestina, la cual comenzó a dominar en su evolución política.
Este libro aborda momentos clave de la lucha política en la que participó Juan y es él quien nos habla con gran honestidad y capacidad de análisis sobre todo eso acompañado de un profundo sentido autocrítico que es muy aleccionador. Y digo aleccionador, ante todo, porque en gran medida vivimos en una cultura política que usualmente rehúsa reconocer el valor que tiene en la política -y en otros ámbitos también- una cultura autocrítica de honestidad intelectual que nos permita convertir los errores en excelentes maestros a futuro. En este libro el entrevistado nos narra con mucha humildad sobre sus visiones acertadas, pero se expresa con mucha comodidad sobre lo que él considera fueron errores cometidos. Juan Segarra Palmer vivió la vida que a conciencia plena escogió, pero en las circunstancias que el destino directa o indirectamente le legó. Pero nunca nos habla de arrepentimientos, todo lo contrario, es notable un sentido de haber enfrentado lo incierto del destino con entereza y convencido del deber cumplido en una acertada valoración histórica y dialéctica de su propio pasado.
En las entrevistas del libro se abunda en particular sobre dos operativos que marcaron profundamente el devenir y el legado histórico de Los Macheteros en múltiples sentidos: el ataque a la Base Aérea Muñiz, en Carolina, y el robo a la Wells Fargo en Hartford, Connecticut.
Sobre el ataque a la Base Aérea Muñiz, Segarra Palmer narra con lujo de detalles importantes aspectos sobre cómo se logró ese operativo que ayudó a consolidar una mirada cuasi mitológica de Los Macheteros entre diversos sectores. Aquel acto de infiltrarse sigilosamente –luego de una planificación minuciosa y prácticamente perfecta- en la más importante base aérea de la Guardia Nacional de Puerto Rico y destruir diez aviones operativos de combate procedentes de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, valorados en cuando menos en 45 millones de dólares, es a menudo tildado por diversas fuentes como el golpe más grande contra una instalación militar dentro de los Estados Unidos. A provecho el momento para hacer un llamado a nuestros jóvenes talentos cinematográficos de que esa historia, así como otras de Los Macheteros, son un material excelente que debería ser llevado a la pantalla grande.
En aquel momento del operativo en la base Múñiz la lucha de Los Macheteros llega a un nivel de apogeo sin precedentes dentro de los que admiraban su capacidad táctico-estratégica como incluso para sus detractores. La capacidad impecable de ejecución, así como sus sofisticados y desconcertantes niveles de operación clandestina, llevaron la noticia de aquella acción militar de gran envergadura a darle la vuelta al mundo sin dilación llamando la atención sobre el problema colonial puertorriqueño. Uno de los aspectos más sobresalientes de aquel osado operativo es que a pesar de la envergadura del atentado no hubo ni tan siquiera una persona herida. Eso fue algo de mucho significado que en aquel momento separó estratégicamente a Los Macheteros de otras luchas de liberación nacional armadas que fueron extremadamente sangrientas como el Ejército de Liberación de Irlanda (IRA), la ETA (Euskadi Ta Asktasuna) en España o las Brigadas Rojas, en Italia, organizaciones armadas que no les temblaba el pulso por tener que incurrir en daños colaterales y víctimas mortales como parte de sus operativos.

De alguna manera esa operación en la Base Aérea Muñiz dejó meridianamente claro que había una preocupación grande para que Los Macheteros no se fueran a ser vistos simplemente como un grupo armado sin fronteras ético-morales en su proceder militar. De los propios comentarios de Segarra Palmer se desprende con claridad la idea de que Los Macheteros se consideraban un ejército en guerra pero con mucha conciencia y respeto hacia los estatutos de los acuerdos de Ginebra sobre la guerra que disponen no incurrir en daños ni en muertes a civiles. Pero también es evidente que esa dimensión ideológica tan particular llegó a convertirse en una tensión política significativa en la organización clandestina. En una operación previa a la destrucción masiva de los aviones de guerra, la emboscada a un bus que transportaba marinos estadounidenses en Sabana Seca, y donde murieron dos militares, Segarra Palmer deja entrever cierto grado de inconformidad con esa acción, aunque haya sido exclusivamente entre militares sin civiles involucrados.
Esa visión de ser una suerte de guerrillero que valora y respeta la vida de los otros se va consolidando en Juan Segarra Palmer a través de su historia en la organización. La búsqueda y la evolución de una paz mental y una espiritualidad muy especial nos delata que estamos ante un actor político muy especial. Un ser humano de un compromiso inquebrantable con la liberación de su patria, pero que al mismo tiempo persiste en su razonamiento una contradictoria nobleza. Parece que en Juan existió el dilema de una aspiración estratégica que consistiera tan solo en hacer daño a las infraestructuras militares de los enemigos. Esa parte tan interesante de su personalidad tiene su propio aparte en el libro, que por cierto lo consideramos muy bien logrado y acertado por parte de Julio Fontanet.
En el proceder bondadoso de Segarra Palmer no solo se manifiesta el no querer privar a nadie de la vida como parte de los operativos. Esa bondad, que quizás no sea muy representativa de un militar curtido, llega tan lejos como su lamento -que aún perdura- por el enorme sacrificio que tuvo que hacer Víctor Gerena de vivir por el resto de su vida en el clandestinaje dejando atrás para siempre a su madre, hijos, hermanos, compañera y amigos. Al presente Víctor Gerena lleva 42 años que desapareció de la vida pública y Juan narra con tristeza y pesar, como si hubiera sido ayer, aquel último abrazo que se dieron en la frontera entre los Estados Unidos y México en la ciudad de Laredo. Nos resulta indudable que la acción posterior de Los Macheteros de llevar a los Santos Reyes a repartir regalos a los niños pobres en Hartford y Puerto Rico el día 6 de enero de 1985, utilizando parte del dinero de apropiado de la Wells Fargo, es una prueba más de lo que hemos querido enunciar. No me cabe duda de que Juan tuvo un rol relevante en la concepción y diseño de esa acción de mitigación política y mediática evocando la famosa figura e historia de Robin Hood.
El otro operativo de Los Macheteros que ocupa un rol relevante en este libro fue el asalto al camión de la Wells Fargo en Connecticut sobre el que ya hemos descrito algo. En aquel operativo la organización clandestina logró apropiarse de sobre 7 millones de dólares con la colaboración esencial de Víctor Gerena, conductor de la icónica empresa de movimiento y custodia de valores, y quien no pertenecía a la organización por lo menos inicialmente. De la propia narración de Segarra Palmer se desprende de que ya durante este momento hubo discusiones en las que afloraban diferencias políticas que tenían implicaciones en la propia toma de decisiones prácticas en la organización y con su futuro en la misma.
Esta presentación estaría incompleta si dejamos de comentar nuestras impresiones sobre uno de los segmentos más importantes del libro. El tema de los procesos judiciales brilla mucho por diferentes aspectos. Primero porque se desarrolla como una conversación profunda entre dos jurisconsultos. Sobre el entrevistador no tenemos que abundar mucho porque es un jurista de gran relieve. El entrevistado fue una vida que literalmente se escapó al derecho porque durante su juventud temprana veía en las leyes la posibilidad de emular a su padre abogado de profesión y además de complacer a su madre. Sin embargo, posteriormente los avatares de la vida acercan irremediablemente a Juan Segarra Palmer al derecho. La experiencia en sus procesos judiciales se convirtió en una escuela de derecho informal y más tarde, al quedar en libertad, ha trabajado como intérprete contratista en la Corte Federal lo que ha expandido aún más sus conocimientos jurídicos.
Los acusados por el operativo contra la Wells Fargo decidieron establecer una estrategia legal diferente a la de otros casos como el de los miembros de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) quienes optaron por desconocer la autoridad del tribunal federal sobre ellos como prisioneros de guerra. Los acusados del Ejercito Popular Boricua entendían, sin embargo, luego de importantes reflexiones internas y consultas legales, que en su caso (y dada la naturaleza particular de las acusaciones plagadas de errores y fabricaciones por parte del FBI) la mejor estrategia era enfrentar juicio y defenderse sin menos cabo de exponer la situación colonial de la isla durante el proceso. El juicio era una oportunidad de denunciar las contradicciones que adolece la propia superestructura jurídica de los Estados Unidos en lo referente al colonialismo. En toda la narración de los múltiples procesos legales a los que Juan Segarra Palmer fue sometido se puede evidenciar todo el aprendizaje que el acusado fue adquiriendo para comandar su propia defensa legal más allá de un gran equipo de abogados que lo acompañó. Juan enfrentó con serenidad lo que él mismo sabía que ocurriría a base de sus conocimientos jurídicos que fue aprendiendo. El resultado fue una condena de 65 años para lo cual él estaba preparado a pesar del inevitable costo emocional que algo así implica.
Sin embargo, también figuraba en los cálculos de Segarra Palmer que, a pesar de la condena, no estaría solo y que todo un pueblo, incluso más allá de líneas ideológicas, finalmente se involucraría solidariamente para exigir su liberación y la de sus compañeros/as.
En Juan Segarra Palmer hay un gran sentido de gratitud por la solidaridad de su pueblo que llevó al presidente Clinton a dar los pasos necesarios hacia la liberación de los prisioneros políticos puertorriqueños. Valora con especial respeto, cariño y agradecimiento a todo su equipo legal. De igual manera habla con especial cariño, añoranza y respeto de los gestores de las nobles campañas para la liberación de los prisioneros políticos puertorriqueños en la década de los ochenta y noventa. Juan nos narra cómo conoció y en qué circunstancias al doctor Luis Nieves Falcón, digno representante de la estirpe, hoy en peligro de extinción, del profesor y académico de gran vuelo intelectual y rigor que a la vez nunca claudicó en su afán por estar del lado correcto de la historia. Igual debo hacer mención en esa gesta para la liberación de los prisioneros políticos a la figura de del buen amigo isabelino y ex presidente de esta ilustre institución, Eduardo “Tuto” Villanueva. Para ambos extraordinarios puertorriqueños, y con el permiso de esta distinguida audiencia, solicito en agradecimiento, y de todas y todos los que con ellos colaboraron, un gran aplauso por favor.
En general, sobre el libro debo decir que este ha sido muy bien realizado. Su diagramación es muy buena y está concebida de manera que favorece una lectura ágil y amena. Las entrevistas tienen un hilo conductor que las hilvana creando una atmósfera narrativa interesante con una tensión creciente tal cual un filme de suspenso. El libro, además, tiene una redacción, edición y corrección verdaderamente impecable que hoy día es muy importante destacar. No me extrañaría verlo pronto asignado a cursos universitarios particulares para que las nuevas generaciones se puedan beneficiar de sus contenidos interdisciplinarios. Mis felicitaciones a la casa editorial Laberinto y todas las personas que trabajaron para la publicación de este importante texto.
Finalmente reitero que para mí ha sido un verdadero privilegio hacer esta presentación que me ha dado la oportunidad de adentrarme en un proceso que explica la génesis y el desarrollo de una organización esencial en la historia política puertorriqueña contemporánea. A través de su lectura he podido conocer mejor al amigo Julio Fontanet en un excelente y comprometido trabajo académico como entrevistador y conceptualizador de la obra y además me honra haber podido entrar en conocimiento de todos estos procesos mediante uno de sus propios protagonistas. Juan Segarra Palmer es un patriota que merece nuestro respeto, reconocimiento y admiración por ser un ejemplo de gran valentía y humildad. Valentía doble, no solo por lo arrojado de su proceder sino valiente en reconocer aciertos y desaciertos políticos con toda honestidad. Las virtudes de Juan Segarra Palmer y su sabiduría política son elementos esenciales del capital político necesario para la construcción de una necesaria reconciliación nacional en el país que es un llamado que se hace en este libro por ambos autores.
¡Enhorabuena y gracias a todas y todos por su amable atención!
Palabras en la presentaciónn del libreo el 3 de diciembre de 2025 en elColegio de Abogados/as de Puerto Rico